Mi título, ¿para qué?

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La crisis internacional ha sacudido los mercados laborales y las consecuencias las han sufrido especialmente los grupos más vulnerables. Uno de ellos son los jóvenes. Si antes de que se produjera el terremoto financiero la juventud española ya tenía problemas para lograr introducirse en el mercado laboral, ahora, después de dos años de recesión profunda, la frustración es mayor. El informe Perspectivas de la Educación, que cada año publica la OCDE, dedica en su última edición un capítulo al paso de la educación al trabajo.

En su resumen para España, viene a desmentir algunas de las alarmas; pero también subraya los puntos débiles de un sistema educativo y de un mercado laboral que hacen que en nuestro país un joven tenga más dificultades en el acceso al empleo de las que tienen sus coetáneos en la mayoría de los países de nuestro entorno.

Lo curioso es que, ya dentro del mercado laboral, los jóvenes que han completado un ciclo formativo de FP -sobre todo si es de rango superior- no encuentran más dificultades que otros con mayor titulación, como los licenciados, a la hora de conseguir un contrato permanente. De ahí, que la Secretaría de Estado de Educación y formación se haya propuesto como un objetivo primordial incentivar la FP.

¿Compensa avanzar en los estudios?

En este panorama nada halagüeño para los jóvenes, los universitarios se consideran los más dañados por la actual crisis de empleo. La palabra sobrecualificación está en boca de todos últimamente, y algunos diarios españoles han recogido en sus páginas reportajes llenos de testimonios de graduados universitarios frustrados. La sobrecualificación significaría que los jóvenes que han alcanzado una titulación más alta -una doble licenciatura, por ejemplo- están teniendo más problemas a la hora de encontrar trabajo, supuestamente debido a la preferencia de los empresarios por las personas menos cualificadas pero que generan menos costes laborales.

Esta aseveración es cierta en algunos aspectos; sin embargo, en términos generales, no se corresponde en absoluto con los datos del informe de la OCDE, que subraya en varios apartados que un nivel superior de estudios completados sigue significando a día de hoy mejores posibilidades de empleo. En la media de la UE, la obtención de un título de educación secundaria post-obligatoria reduce el riesgo de desempleo en un 8,3% respecto a si solo se cuenta con la obligatoria- en España alcanza el 10,7%. Además, si se han cursado estudios universitarios el riesgo disminuye en un 1% más. Por otro lado, frente a los universitarios, los contratos a tiempo parcial son un 2% y un 4% más frecuentes según se haya conseguido respectivamente un título secundario post-obligatorio o solo el obligatorio.

Un título universitario menos rentable

¿De qué se quejan entonces los graduados universitarios españoles? Sus protestas se resumen fundamentalmente en dos puntos: los licenciados o diplomados no logran contratos permanentes en mayor proporción que los que solo han completado Bachillerato o Formación Profesional de grado medio. Esto es cierto, pero aparte de que en este aspecto España está por encima de la media europea -hay países como Portugal, Italia o incluso Alemania en los que los universitarios consiguen considerablemente menos contratos permanentes-, el presunto perjuicio para los universitarios se explica en parte por su incorporación más tardía al mercado laboral: tardan más en disfrutar de un contrato permanente, o mejor dicho, lo logran con más edad.

Cuando sí tienen una clara desventaja los universitarios españoles respecto a la media de los europeos es a la hora de encontrar un trabajo acorde con su nivel de educación. Mientras que solo un 23% de nuestros vecinos se encuentra en esta situación, el porcentaje aumenta en España hasta un 43%, con especial incidencia en los hombres, entre los que el porcentaje llega al 47%. En términos económicos, un varón con título superior produce como media en los países de la UE un beneficio anual total -sumando su beneficio personal y lo que aporta en impuestos- de 350.00 dólares, mientras que en España solo alcanza los 180.000 dólares. Respecto al salario de una persona que no ha pasado de la educación obligatoria, el universitario medio europeo cobra un 75% más; en España, el beneficio se queda en un 57%.

Las Universidades corporativas

En su afán por disponer del tipo de empleado que necesitan, grandes compañías están creando sus propios campus: son las llamadas universidades corporativas, de las que informa un reciente reportaje en Newsweek (20-09-2010).

Se trata de instituciones patrocinadas y financiadas por entidades empresariales -Siemens, General Electrics, Motorola, Infosys…- que preparan a sus alumnos para poder desempeñar en un futuro próximo puestos en esas mismas empresas. A diferencia de las universidades tradicionales, las corporativas generalmente no dan títulos, sino que se dedican a impartir cursos sobre conocimientos aplicados a la práctica empresarial.

La práctica y la atención a las situaciones laborales concretas que puedan encontrarse es lo prioritario en estas universidades. La India y Asia están experimentando en los últimos años un impresionante aumento de las matriculaciones en este tipo de instituciones. “Lo que nosotros hacemos es salvar la brecha que existe entre lo que ofrecen las instituciones educativas tradicionales y lo que requiere la industria”, señalaba Kris Gopalakrishan -CEO de la universidad Infosys, en la India- en declaraciones a Newsweek.

Como era de esperar, estas universidades han suscitado las quejas de quienes entienden que con este modelo se produce la definitiva subordinación de la universidad al mundo empresarial. Pero, por ahora, las tasas de matriculación ascienden cada año -son ya 4 millones de estudiantes en todo el mundo- y algunos estiman que en pocos años pueden llegar a superar en número de alumnos a las universidades tradicionales.

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