La eficacia del microcrédito

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Duración lectura: 4m. 43s.

Ideas para combatir la pobreza
Desde la fundación por Mohammad Yunus en 1976 del Grameen Bank en Bangladesh, el microcrédito ha demostrado ser una institución eficaz en la lucha contra la pobreza. Esto bastaría para explicar el interés mostrado por la ONU, que ha declarado 2005 Año Internacional del Microcrédito, y el rápido aumento de beneficiarios. La Cumbre Mundial del Microcrédito (2004) estimaba que con esta fórmula se ha logrado sacar de la pobreza a 274 millones de personas.

En el empeño por erradicar la pobreza extrema, el microcrédito puede resultar clave, según el Programa de la ONU para el Desarrollo, que promueve el Año Internacional. Se ha comprobado, por ejemplo, que la microfinanciación mejora el acceso a la enseñanza: en Bangladesh, el 81% de los hijos de familias con préstamos acude a la escuela, frente al 51% de familias no beneficiarias. Los participantes del programa FINCA (El Salvador) aumentaron sus ingresos semanales en un 145%. En Indonesia, un estudio realizado por el Rakyat Bank, que gestiona programas de microfinanciación en la isla de Lombok, cifraba la mejora de ingresos de sus clientes en un 112%. También en la promoción de la mujer el microcrédito ha resultado eficaz: el 82,2% de los prestatarios son mujeres.

De Bangladesh al mundo

La idea de Yunus se ha ido extendiendo por buena parte del mundo (ver Aceprensa 111/99). Está más implantada en Asia, pero a partir de los años noventa comenzó a difundirse en Latinoamérica. Ahora se intenta fomentar en África, cuyos índices de pobreza son alarmantes. Precisamente la proclamación del Año Internacional del Microcrédito pretende darle publicidad. En este sentido, la ONU ha previsto promover series televisivas en las que los espectadores se acerquen a las experiencias de la microfinanciación.

Aunque las cosas han cambiado en los últimos años, las organizaciones internacionales no apoyan bastante los sistemas de microcrédito. Yunus ha criticado en repetidas ocasiones que se dedique tanto dinero a ayudas canalizadas a través de los gobiernos -con las pérdidas que causan la burocracia y la corrupción- y tan poco a la financiación directa de los ciudadanos. El Banco Mundial sólo destina el 1% de sus ayudas al microcrédito; el Banco Europeo de Inversión, el 0,1%.

Este Año del Microcrédito puede ser una oportunidad para fomentar las alianzas entre gobiernos, organizaciones internacionales y sector privado, con el fin de extender la fórmula a otros lugares del mundo y facilitar su implantación. La ONU quiere, además, mejorar los productos ofrecidos e idear nuevas formas que complementen a las ya existentes. Porque la microfinanciación, como revolución económica, parece imparable. Ya se habla de “microempresas”, en referencia a negocios pequeños con menos de cinco trabajadores; se ha puesto en marcha el “microseguro” y las cuentas de “microahorro”. Otra iniciativa destacable son los estudios del economista peruano Hernando de Soto, que ha propuesto otorgar las parcelas en propiedad a los chabolistas de las grandes ciudades latinoamericanas, con el fin de que puedan presentarlas como aval para obtener créditos.

Pero es de capital importancia la ayuda pública. El gobierno tailandés inició en 2002 el programa “Thailand’s Village Development Fund”. Con él se pretende remediar la situación de las zonas rurales del país, muy empobrecidas por la falta de productividad del campo y por la excesiva dependencia de los productos extranjeros. Cerca de 75.000 pueblos recibirán una media de 23.700 dólares para financiar a sus habitantes. Algunos entienden que se trata de una medida más populista que eficaz y otros han criticado la forma de gestionar el dinero, pero lo cierto es que, gracias al programa, algunos habitantes han comenzado nuevos negocios.

Faltan datos

Los últimos datos definitivos disponibles sobre el microcrédito son de 2003. Se cifran en 2.931 las instituciones de microfinanzas, con un total de 80,8 millones de beneficiarios. Ahora bien, hay que tomar estos números con reservas porque la Cumbre del Microcrédito los recopiló preguntando a las instituciones locales, pero no realizó ninguna verificación. Además, no se consigue determinar quién es el prestatario ni se consignan las condiciones del crédito.

Es importante, sin embargo, contar con una fuente fiable de datos a escala internacional para ponderar la eficacia del microcrédito, así como para ofrecer orientación a inversores. La ONU pretende poner en marcha este año el Proyecto de Datos sobre Microcrédito, en el que intervendrán especialistas del Banco Mundial y el FMI, con el fin de elaborar estadísticas y ofrecer un estudio lo más exacto posible de la situación de los sistemas de microcrédito. El primer informe se publicará a finales de año.

En el capítulo de las innovaciones, Yunus ha vuelto a representar la vanguardia. Su última idea ha sido la concesión de créditos de 9 dólares a mendigos, lo que puede ser un remedio para las bolsas de pobreza de los países en desarrollo. La microfinanciación también se ha utilizado como un modo de reactivar la economía de estos países, como es el caso de las antiguas repúblicas soviéticas o de aquellos que se enfrentan a un período de posguerra.

Pero también los países desarrollados han iniciado algunas experiencias. Por ejemplo, en España, el Instituto de Crédito Oficial ha puesto en marcha un programa de microcrédito destinado preferentemente a mujeres e inmigrantes.

Josemaría Carabante____________________Ver también las propuestas de Jeffrey Sachs y de C.K. Prahalad.

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