La brecha laboral… entre mujeres

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Una versión de este artículo se publicó en el servicio impreso 78/13

Desde los años 70 una élite de mujeres, con un alto nivel de estudios, ha conseguido escalar en la profesión los primeros puestos y recortar distancias con sus compañeros hombres. Paralelamente, la brecha entre las mujeres ricas y pobres no ha dejado de crecer. De una parte hay un sector minoritario de mujeres jóvenes, con buenos empleos y a tiempo completo, que posponen los hijos y alcanzan el éxito profesional; de otra, muchas más mujeres que a menudo trabajan en profesiones feminizadas, como asistencia o limpieza, ganan poco y ocupan empleos menos reconocidos en muchos países occidentales. Esta es la conclusión de un libro recién publicado por Alison Wolf, que anuncia un nuevo tipo de desigualdad económica.

El resultado de la investigación de esta economista inglesa se recoge en un libro titulado The XX factor. How the Rise of Working Women Are Creating a New Society. En las primeras informaciones en prensa el subtítulo del libro era más provocativo aunque más exacto: How the Rise of Working Women Has Created a Far Less Equal World. El nuevo disimula más la tesis que la autora explica así: “hoy, la élite de las mujeres con mayor nivel de estudios se ha convertido en una clase aparte”. En su opinión, profesionales y mujeres de negocios, con los máximos niveles académicos y en lo más alto de la escala profesional, no se han distanciado ni un milímetro de sus compañeros masculinos, “porque en realidad se han convertido en los nuevos hombres de la familia, pero de lo que se han alejado es del resto de las mujeres”.

Las feministas de los años 60 y 70 creían en una especie de fraternidad entre las mujeres, pero cada vez hay más distancia entre la élite profesional de las mujeres y las demás

La desigualdad entre mujeres
El mensaje de Wolf ha causado cierto revuelo; sin ser una voz especializada en análisis feminista, es experta en el mercado de trabajo y ha investigado largo tiempo sobre la incidencia de la educación en la trayectoria profesional. A su juicio, la extensión de la educación ha influido más en las mujeres que en los hombres pero no homogéneamente. “El que algunas mujeres hayan llegado a la cima ha disparado la desigualdad de ingresos”, por ejemplo, en Estados Unidos, donde solo el 1% de las mujeres ha doblado sus ingresos desde 1980. “Mientras unas 200.000 en todo el país ganan 250.000 dólares al año, la media de ingresos anuales del resto de mujeres es de solo 33.000 dólares”, afirma.

Esta disparidad surge a pesar de los adelantos legislativos y sociales. Esta misma semana la Unión Europea daba a conocer que la proporción de mujeres en los consejos de administración ha aumentado al 16,6% gracias a las medidas tomadas, pero en los países occidentales ha cambiado poco el tipo de trabajo de muchas mujeres. “En lugar de cocinar, limpiar o cuidar a sus propios hijos en su casa ahora realizan esas mismas tareas en restaurantes, oficinas e, irónicamente, en las casas de esas mujeres profesionales que han alcanzado el éxito”, explica en un artículo publicado recientemente en Time.

A estas últimas el proceso no les ha llevado a romper las “barreras de género” en el lugar de trabajo, sino a colocarse en puestos de trabajo mal pagados y mayoritariamente femeninos. Como ahora muchos de los trabajos del ámbito doméstico relacionados con el cuidado se confían a empleados, el trabajo antes invisible de muchas mujeres se ha convertido en un empleo formal y un cheque a fin de mes. Como dato, Wolf aporta que frente a 100.000 varones contratados para tareas de limpieza en los hogares, hay 1,3 millones de mujeres en Estados Unidos. “Las feministas de los años 60 y 70 creían en una especie de fraternidad entre las mujeres. Pero en lugar de eso tenemos un mundo en que la élite de las mujeres es cada vez más como los hombres, y cada vez menos como las otras mujeres”. “Ha habido una auténtica liberación del talento femenino, pero ese logro de pocas ha tenido un gran coste para muchas”.

“Hoy, la élite de las mujeres con mayor nivel de estudios se ha convertido en una clase aparte”

Baja por maternidad
Uno de los elementos en que se manifiesta esta desigualdad, según la autora del libro, es que, en Inglaterra, por ejemplo, “muy pocas profesionales cualificadas toman permisos largos cuando nacen sus hijos, y otras licenciadas o doctoras ni se lo plantean”. Además de que esto contribuye directamente a la preocupante baja de natalidad, también demuestra que la conciliación entre el trabajo y la familia no existe en algunos niveles profesionales. “Si se miran las exigencias de trabajos que están en lo más alto, se comprende que nunca van a tener esa posibilidad de conciliación”.

Para Alison Wolf, la solución a la creciente desigualdad no está en las ayudas públicas. La economista británica tampoco cree que la solución esté en las medidas a favor de la maternidad adoptadas en los países escandinavos.

Cuando se crearon las redes públicas de guarderías, centros de día y residencias para personas mayores, estos empleos fueron ocupados principalmente por mujeres. En consecuencia, dice Alison, las mujeres escandinavas es más probable que trabajen en profesiones feminizadas, y menos probable que trabajen junto a hombres. Y si en puestos de mayor remuneración la diferencia entre hombres y mujeres desaparece, como también sucede en Alemania, Francia y Estados Unidos, es porque hay muchas mujeres trabajando en empleos de servicio para los que están más arriba.

De su investigación concluye que las políticas más generosas en cuanto a permisos por maternidad no han hecho más que potenciar ese techo de cristal para las mujeres, pues fomentan “la depreciación del capital humano”. Es decir, al apartarse más tiempo del trabajo, las habilidades de las mujeres se quedan anticuadas y las redes de contactos disminuyen. En su opinión, ni siquiera compartir la baja por maternidad con el padre contribuye a paliarlo, ya que se ha comprobado que cuando existe la posibilidad de elegir entre ambos sigue siendo la mujer la que la aplica.

El libro de Alison Wolf, que presenta la realidad a partir de los resultados estadísticos de diversos países, no busca soluciones: “solo pretendo mostrar que casi todo en esta vida tiene su aspecto negativo”, también la lucha por la igualdad profesional. “Si queremos que las mujeres triunfen, tendrán que contar con el trabajo de otras personas –hombres y mujeres– y como seres humanos siempre tenderemos a contratar mujeres antes que hombres para cuidar a nuestros niños”, asegura la autora en declaraciones a The New Republic.

A pesar de que la interpretación de Wolf parece culpar a unas pocas mujeres de la evolución negativa del trabajo y sueldos de la gran mayoría, ella asegura no haber recibido tantas críticas: “la gente se incomoda, pero también otras personas dicen: deberíamos reconocerlo y hacer algo” sobre todo en el ámbito de las condiciones laborales.

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