El hombre compuesto conserva su puesto

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Contrapunto

Si un marido de más de 40 años decide seguir una dieta para adelgazar, si se tiñe las canas, si empieza a ir al gimnasio en vez de ver el fútbol en la TV, si escoge ropa más juvenil y un crema de afeitar que tonifique la piel, pueden encenderse todas las señales de alarma: ¿estará teniendo una aventura? Pero no hay por qué pensar mal. La “aventura” puede consistir en la dura lucha por conservar su puesto de trabajo en un mundo empresarial competitivo que privilegia la juventud y amenaza con la jubilación anticipada.

El fenómeno está notándose en EE.UU., según cuenta el New York Times, en una época en que las grandes empresas con problemas han decidido “adelgazar” (downsizing es la consigna) con despidos masivos. En otros tiempos, a la hora de despedir, regía el principio de que “el último que llega es el primero que sale”. Ahora, es más probable que caiga quien tiene la apariencia de hombre mayor y gastado. Por tanto, hay que esforzarse en parecer joven, sano y en forma.

En una palestra donde los de 50 compiten con los de 30, es preciso luchar contra la arruga, las canas y los michelines. No se puede parecer gordo y fláccido en empresas que se han propuesto adelgazar y vigorizarse. De este modo muchos hombres maduros están recurriendo, ante la mirada irónica de sus mujeres, a trucos para parecer jóvenes que antes sólo les preocupaban a ellas. La cosmética masculina ofrece ya toda una batería de recursos, llenos de más promesas que realidades. El modo de vestir también se hace más juvenil. Si antes un hombre de negocios serio estaba por encima de este asunto, ahora un traje pasado de moda puede sugerir que uno está también obsoleto en su trabajo. Y los trajes con un corte especial para parecer delgado se venden a pares.

Los más desesperados no dudan en buscar la juventud a golpe de bisturí. La liposucción es el remedio drástico contra el exceso de grasa. Y la cirugía plástica proporciona músculos de silicona a los candidatos a vigilantes de la playa que no tienen tiempo para pasar horas en el gimnasio.

De un modo u otro, cada vez más hombres están dispuestos a hacer para gustar a sus jefes lo que quizá no hacían para gustar a su mujer. A algunos, verse postergados en el trabajo ante gente más joven puede hacerles comprender el sinsabor de una mujer madura “depurada” por su marido ante una treintañera

Se introduce así un nuevo equilibrio en la preocupación -a veces, la obsesión- de hombres y mujeres por la apariencia física. Hasta ahora, se decía que “la mujer compuesta saca al hombre de otra puerta”. Ahora es el hombre compuesto el que se esfuerza por conservar su puesto. Y este afán de agradar puede ayudarle también a conservar su puesto en el corazón de su mujer. Que en los tiempos que corren tampoco está garantizado.

Ignacio Aréchaga

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