Biocombustibles en tiempos de crisis

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Duración lectura: 4m. 39s.

La necesidad de abrir frentes nuevos en el mercado para dinamizar la economía ha querido ver en las energías renovables el hilo de Ariadna. Sin embargo, la industria de los combustibles “verdes”, que hasta hace poco era el negocio del futuro, atraviesa horas bajas: no menos de diez plantas de etanol en Estados Unidos han dejado de operar.

La herida que la recesión ha infligido al capitalismo afecta, desde luego, a la que se tiene por una de las mayores virtudes de ese sistema: el arrojo de los empresarios para aventurarse a mercados alternativos. Pero frente a este recelo, que posterga la pregunta por lo que puede hacerse con las nuevas energías, algunas opiniones de peso se pronuncian por decretar que, antes bien, es el momento de ponerse con ello.

Los motivos no tienen ya que ver sólo con el deterioro del medio ambiente. Se trata, sobre todo, de que el desarrollo de sectores novedosos fomenta la vitalidad del mercado. La experiencia de Internet en los 90 es elocuente: todo un hallazgo como motor para el crecimiento y para la creación de millones de puestos de trabajo y de ganancias incalculables en todo el mundo.

“El mundo necesita un nuevo auriga económico, una nueva industria de punta al servicio del crecimiento”, reza un reportaje de Newsweek sobre la energía. “Además de otra cosa, que, ¡oh!, se nos olvidaba: la salvación a mediano plazo del planeta”. Lo cierto es que, como dice Oliver Schäfer, director de políticas del Consejo Europeo de la Energía Renovable, este nuevo ramo tiene al menos, frente a las inversiones financieras, la ventaja de que el dinero no se pone en “papeles”, sino en “un negocio real”.

Luces y sombras de los biocombustibles

Para Faith Birol, sin embargo, la economista jefe de la AIE, el panorama es mucho menos alentador. En una recesión, explica, el consumo relacionado con casi todas las materias primas cae, pero lo mismo sucede con los precios de la energía, y esto desestimula el desarrollo de alternativas. Las plantas nucleares, las extensas granjas de energía solar, los bosques de turbinas eólicas, la producción de etanol, la I+D para los coches eléctricos o de hidrógeno y la infraestructura para todo ello requiere de enormes cantidades de capital a largo plazo. Cuando éste y el crédito son escasos, y ante una súbita caída de los precios del petróleo, la inversión privada está menos dispuesta a poner billones en un distante futuro de energía ecológica. Programas con este fin podían resultar un negocio cuando el barril de petróleo estaba a 140 dólares, pero a 70 pierden sentido y serían del todo ilógicos si bajara de los 40.

La industria del etanol afronta como puede el triple revés que le supone la caída de los precios de su producto, la contracción del crédito y la volatilidad de los costes del maíz a partir del cual se fabrica. VeraSun, uno de los más grandes productores americanos de etanol, ha anunciado su calificación para el régimen de quiebra después de que los cálculos hechos sobre el precio del insumo resultaran equivocados y gravosos en extremo. Otro tanto han hecho varias pequeñas productoras, y los proyectos de construcción de varias plantas de etanol en la región centro-occidental del país han sido pospuestos o archivados. Empresas como Aventine Renewable Energy y Pacific Ethanol se han depreciado en más de un 80% desde principios de este año.

La mayoría de los investigadores, por otra parte, apuntan que el etanol de maíz ofrece beneficios más bien modestos en la reducción de emisiones de gases con efecto invernadero, mientras que en cambio su producción ha contribuido a aumentar el precio de los alimentos.

El papel de los políticos

Con una caída de un tercio de los mercados financieros este año, incluso los capitalistas a rajatabla le dan vueltas a la idea de que quizá el gobierno deba tener un papel más importante en fomentar el crecimiento y la creación de empleo.

El gobierno de Bush había señalado que los biocombustibles eran, junto con futuros automóviles híbridos capaces de recorrer al menos 40 millas con propulsión eléctrica, una etapa necesaria de su plan energético hasta la llegada de los motores de hidrógeno (cfr. Aceprensa, 22-11-2006). Y el Congreso norteamericano incluyó el tema en su respuesta cuando solicitó la aplicación de medidas fiscales para la promoción de las energías renovables como cláusula del plan de rescate financiero que el presidente le presentó en octubre.

En cuanto a lo que se espera de la nueva administración, Obama ha dicho que entre otros programas hará inversiones estratégicas por 150.000 millones de dólares para el lapso de una década en “la economía de la energía limpia”, que “ayudará al sector privado a crear 5 millones de nuevos puestos de empleo”. En años buenos, la economía estadounidense suma 2 millones de empleos, de modo que las cifras de Obama apuntan alto.

El presidente electo ha hablado asimismo de acelerar la comercialización de coches ecológicos híbridos, de promover proyectos de energía renovable, estimulando la eficiencia energética, invertir en plantas con una baja emisión de carbono, y adelantar en la nueva generación de biocombustibles.