Este volumen colectivo reúne más de 350 testimonios de casi cien autores sobre la vida cotidiana durante las décadas de comunismo en Rumanía. Así, consigue trazar un retrato vivo y directo de la “intimidad del comunismo rumano”. Han participado en su escritura “gente de todas las edades y profesiones, a lo largo y ancho de Rumanía”. La autora más joven nació en 1981 y la más veterana en 1923. Los testimonios de médicos, ingenieros, actores, profesores, obreros y escritores cubren un arco temporal de unos sesenta años. Uno de los autores de este libro coral es el escritor Mircea Cartarescu, que recuerda varios episodios sobre su vida en Bucarest.
La editora del volumen ha sido Ioana Pârvulescu (1960), escritora y profesora de la Facultad de Filología de la Universidad de Bucarest. Su novela Los inocentes (2016) sigue siendo uno de los superventas de la literatura rumana. En una entrevista reciente, la autora explicaba los objetivos que se planteó al preparar este volumen que, en su concepción, recuerda a trabajos similares, con sus dosis de periodismo, antropología, política y literatura. En concreto, algunos de la premio Nobel de Literatura Svetlana Alexiévich, (por ejemplo, El fin del “Homo sovieticus”) y de la periodista polaca Malgorzata Nocuń, autora del libro de entrevistas El amor ha sido mi culpa.
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Una de las premisas del libro era escribir sobre fragmentos de la vida cotidiana sin añadir ninguna intención política o ideológica explícita. Por eso no aparecen asuntos que también fueron habituales en la vida cotidiana rumana, como el agobiante sistema de represión de la Securitate y la reclusión en cárceles y campos de concentración, que han sido descritos, por ejemplo, en el libro de memorias de Gregory Dumitrescu, El hombre nuevo, y en el ensayo de Guido Barella, La tortura del silencio.
El libro presenta esta “intrahistoria” del comunismo rumano en capítulos que aglutinan los recuerdos. Se habla de cómo era la vida en las casas, en las ciudades, en el mundo del trabajo; de las imposiciones del trabajo voluntario y de las tareas agrícolas, de las vacaciones, de qué se hacía en el tiempo libre y en las “fiestas nuevas y viejas”; de qué música era la que imponía el régimen y de algo tan propio de la cultura comunista rumana, su deporte nacional, como eran las colas.
La gran mayoría son testimonios muy breves y pegados a la cotidianidad: el consejo que una madre siempre daba a sus hijos antes de ir al colegio: “Pregunten lo que pregunten sobre lo que hablamos en casa, tú siempre abraza el no sé”; el suplicio de la “participación obligatoria en diversas manifestaciones oficiales, festivales, desfiles y homenajes”; la fascinación por todo lo que venía de la URSS y por sus líderes (“Olvidaos de sus crímenes, porque Stalin fue un gran hombre”). Y las reuniones de adoctrinamiento político en las escuelas y universidades, la manipulación del lenguaje, el control de los medios de comunicación, el desmedido culto a Ceaușescu y a su mujer Elena, “académica doctora ingeniera”, “reputada científica y erudita de talla mundial”.
Para Ioana Pârvulescu, el volumen tiene la intención de recuperar la memoria viva de aquellos años, descrita por sus anónimos protagonistas, y mostrar a las jóvenes generaciones educadas ya en la era post-Ceaușescu cómo era la “historia tal y como la vivimos los ciudadanos del este y como la sentimos de verdad”.