Uno de los nuestros

Nórdica.

Madrid (2013).

494 págs.

Traducción: Beatriz Bejarano del Palacio.

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Una versión de esta reseña fue publicada en el servicio impreso 71/13

En la obra de Willa Cather (1873-1947) no suele haber altibajos, sabe captar la realidad con personajes e historias atractivos, aunque casi siempre se trate de vidas muy normales. En esta novela, Uno de los nuestros, cuenta la historia del joven Claude Wheeler: su padre es granjero, un hombre emprendedor, un pionero del Medio Oeste norteamericano que ha ido prosperando y adquiriendo nuevas tierras. Sus hijos habrán de seguir sus pasos, y, aunque Claude no se siente del todo satisfecho, es idealista, le gustaría estudiar en la universidad y sueña con algo distinto –no sabe exactamente qué puede ser–, realiza bien el trabajo y se casa con una vecina que al poco tiempo ha de ausentarse para acudir en ayuda de una hermana misionera que ha enfermado en China.

Claude, como otros jóvenes norteamericanos, decide alistarse como voluntario en el ejército para combatir en la Gran Guerra que en Estados Unidos se sigue con interés y compromiso crecientes. En Francia, descubrirá nuevas tierras, nuevas gentes y verá plasmados los ideales que buscaba en un compañero de armas y con su propia conducta en la contienda. Resulta un poco chocante que, en la parte de la novela que transcurre en Francia, la mujer de Claude desaparezca por completo de la trama.

Tanto la vida de los granjeros como la de los soldados están descritas con gran precisión. Cather sabe ahondar en la caracterización de los personajes: aquí destacan el protagonista, su madre y David, el gran amigo que encontrará en el frente. Describe bellamente los lugares, acerca a los protagonistas al lector a través de los diálogos y no faltan las reflexiones sobre la vida y su sentido. También muestra el interés con que la sociedad norteamericana seguía la marcha de la contienda, por lo que afectaba a su vida, a los negocios… pero también, y de forma creciente, como defensa de determinados ideales por los que merecía la pena incluso arriesgar la vida, precisamente en una guerra tras la que muchos de estos ideales serían cuestionados.

Detrás de estas vidas, hay un aliento coral y un buen número de figuras secundarias también de carne y hueso, pues no se trata de meros comparsas de la trama, sino de personajes sobre los que al lector le gustaría saber más: una señal indudable de calidad literaria.