Segunda novela que publicó Bohumil Hrabal (1914-1977), uno de los escritores checos más importantes del siglo XX. Trenes rigurosamente vigilados apareció en 1965, un año después se estrenó su versión cinematográfica, que en 1967 obtuvo un Oscar a la mejor película extranjera. Como escribe la traductora y escritora Monika Zgustova en el epílogo, estamos ante un libro “dramático y risueño”, un libro sonriente, divertido y travieso “porque así da mayor realce a los trágicos acontecimientos que rodearon la ocupación nazi”.
La novela transcurre en 1945 en una pequeña estación ferroviaria checa, cuando las tropas alemanas están ya perdiendo el control de la guerra y la resistencia multiplica sus acciones guerrilleras. Su protagonista es el joven Miloš Hrma, que se reincorpora a su puesto de trabajo como aprendiz en la estación de trenes después de estar tres meses de baja por un intento de suicidio (del que no se habla).
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Miloš es un joven despistado e inexperto que no tiene ninguna experiencia en el amor y que está un tanto obsesionado con el sexo, como se ve en algunas escenas y comentarios. Ingenuo, inocente y, aparentemente, con poco carácter, a Miloš no se le quita de la cabeza el escándalo sexual que han montado en la estación el jefe de circulación, el hedonista Hubička, y la telegrafista, escándalo que ha provocado la intervención de las autoridades ferroviarias de la zona. Otro de los personajes de la novela es el jefe de estación, quien solo piensa en las horas de trabajo en dedicarse a su pasión: la cría de palomas.
En este ambiente superficial, corriente, con personajes muy reales por su indolencia y falta de sustancia, introduce Hrabal un heroísmo que les engrandece, sobre todo a Miloš, capaces de dar lo mejor de sí en un contexto social y militar complicado.
Miloš es, además, el narrador, lo que, por su carácter inmaduro e inquieto, resta gravedad al texto, a pesar del dramatismo, sobre todo de las páginas finales. La literatura de Hrabal en general, como se aprecia en esta obra, se mueve entre el absurdo, la tragedia y el humor negro.
A la hora de definir su literatura se destacan las influencias de Jaroslav Hašek, autor de Las aventuras del buen soldado Švejk, y los relatos de Franz Kafka. Hrabal estudió Derecho. Durante la Segunda Guerra Mundial, como tantos otros universitarios checos, tuvo que trabajar como ferroviario, experiencia que inspiró esta novela. Después de la guerra, aparcó su dedicación a las leyes y desempeñó diferentes oficios: fue metalúrgico, tramoyista, agente de seguros, viajante de comercio y empacador en una prensa de reciclaje de papel. Es normal que su literatura se sirva narrativamente de estos trabajos para ambientar sus novelas. Además de Trenes rigurosamente vigilados, Hrabal es autor de Yo serví al rey de Inglaterra, Bodas en casa y La pequeña ciudad donde se detuvo el tiempo y los relatos Los palabristas.