Sale el espectro

Mondadori. Barcelona (2007). 254 págs. 18,90 €. Traducción: Jordi Fibla.

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Roth recupera en esta novela al escritor Nathan Zuckerman, que tiene ya setenta años y lleva más de diez apartado del mundo, escribiendo y pensando en su cabaña del campo. Vive lejos de todo lo que no puede soportar. Sólo regresa por unos días a Nueva York para una intervención médica que puede mejorar su maltrecho estado físico. Tres personajes se cruzan con él y hacen tambalear su sólido deseo de apartamiento: Amy Bellette, la que acompañara en sus últimos cuatro años a su admirado escritor Lonoff; Jamie, una escritora treintañera que despierta en él deseos que creía olvidados para siempre; y Kliman, joven impetuoso y seguro de sí mismo que pretende escribir la biografía de Lonoff. Los tres provocan un intenso empeño de “renovación” en el escritor.

En esta novela, Roth, muestra de nuevo su estilo vigoroso y pleno, con unos personajes densamente dibujados y unas relaciones sólidas y bien trabadas. Kliman cree conocer el nervio de la vida de Lonoff, un secreto sexual que debe ser desvelado, según él, para explicar su obra y resucitar una fama literaria injustamente apagada desde hace años. Zuckerman no cree en ese secreto y menos, de ser cierto, en el derecho de relacionar así la vida y la obra de un escritor. Considera la intención de Kliman una maniobra detestable, temeraria y juvenil. Puede que en el fondo tema ser él el siguiente. Todo esto da pie a Roth a seguir indagando en sus preocupaciones de siempre: el sexo, la política (la novela se sitúa en 2004, recién elegido Bush por segunda vez), la escritura y el judaísmo. A estos temas cardinales se añade últimamente la vejez y la decrepitud, presente en Patrimonio, El animal moribundo y Elegía.

Lo más novedoso técnicamente de la novela es la inclusión de las páginas que el propio Zuckerman escribe para ficcionar su relación con Jamie. Esto provoca un juego entre lo no ocurrido y lo real (al mismo tiempo, igualmente una ficción) con el que Roth reflexiona sobre la creación literaria como “otra” forma autónoma de realidad. Zuckerman asiste a su declive intelectual. Su agudeza como escritor está sostenida por la memoria y la precisión verbal, y va perdiendo ambas; pero la palabra aún le es útil para soñar y explicar. Por otro lado, ya conocíamos que toda la lúcida inteligencia del sátiro temerario que es Zuckerman pasaban a segundo plano cuando empezaban a hablar sus pasiones, así que no sorprenden las lucubraciones y planes que Jamie despierta en su maltrecha virilidad, y que dan lugar a algunos diálogos subidos de tono.

Esto parece la despedida de Zuckerman, alter ego de Roth en edad, oficio y origen, a quien conocíamos de numerosos libros (nueve con este). Sale el espectro es menos redonda que otras entregas pero aborda de nuevo asuntos de calado: la supuesta quimera de la concordia humana, si la defensa del arte puede poner en peligro la dignidad de vida, el alcance que debe otorgarse a los poderes públicos, el papel de los instintos, el final de la vida. Y todo contado con el magnetismo que caracteriza el estilo de Roth.