Ruido de fondo

TÍTULO ORIGINALWhite Noise

GÉNERO

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Seix Barral. Barcelona (2006). 427 págs. 22,50 €. Traducción: Gian Castelli.

El aclamado DeLillo (New York, 1936) es un escritor imprevisible y sorprendente. Trasciende con libertad el esqueleto básico de toda narración (planteamiento, nudo y desenlace) y retuerce las posibilidades literarias de situaciones y personajes: juega con ellos, los desarrolla o los abandona según sirvan o dejen de hacerlo a la idea que persigue con sus novelas. Esta suele ser mostrar la extrañeza del ser humano, las contradicciones de una civilización desnortada y a menudo vacía.

“Ruido de fondo” (1984), ganadora del National Book Award en 1985, es una novela equilibrada, pero igualmente chocante. Se trata de una reflexión tragicómica sobre el miedo a la muerte.

Jack Gladney es un profesor universitario (experto en Hitler) que disfruta de un apacible bienestar material y familiar. Vive con Babette, su cuarta esposa, y con cuatro de los hijos que han cosechado ambos en anteriores matrimonios. Sólo un fantasma enturbia el bálsamo de autocomplacencia que rodea sus vidas: saber que todo va a terminar, no saber cuándo y no poder hacer nada. Jack se ve expuesto a un escape tóxico en la atmósfera y a continuación descubre que Babette toma un fármaco para inhibir cerebralmente su miedo a la muerte. Ambos hechos disparan su aprensión y conducen la novela a su desconcertante desenlace.

La mejor lectura de DeLillo es olvidarse de sus historias y disfrutar de su ingenio. Sus textos están llenos de personajes interesantes, de diálogos llenos de sentido y de reflexiones inteligentes, afiladas, divertidas, originales, brillantes. Sorprende en cada página: una inaudita visión metafísica de la meteorología; la relación con sus madres de Hitler y Elvis; el pasaje antológico de una orgía consumista en un centro comercial; las conversaciones de Jack con Babette, con sus hijos (en grupo o separados), o con otros profesores de universidad; la crítica constante a la vaciedad del materialismo y a la TV, etc. Hay un tono costumbrista muy pegado al terreno (marcas comerciales, anuncios de radio y TV) pero siempre en clave paródica, un realismo compensado por hipérboles fantasiosas.

DeLillo puede ser un juguetón prestidigitador de palabras o un escritor moral, o las dos cosas. Desde luego, no es posible aburrirse con sus libros ni puede negarse su original coherencia interna. Sus novelas, eso sí, son cualquier cosa menos un libro convencional.

Javier Cercas RuedaACEPRENSA

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