Persona femenina, persona masculina

Blanca Castilla

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Rialp. Madrid (1996). 124 págs. 1.300 ptas.

En paralelo a los cambios sociales suscitados por el movimiento feminista, los estudios sobre el género -las cuestiones en torno a la feminidad y la masculinidad- se han convertido en un aspecto destacado de la cultura contemporánea. Por eso, resulta de gran interés un trabajo, riguroso en el discurso y ambicioso en el planteamiento, como el que nos ofrece ahora Blanca Castilla, profesora de la Escuela Europea de Educación, dependiente de la Universidad Complutense.

La autora es consciente de que las dificultades con las que se está encontrando la reflexión sobre la cuestión femenina (y las derivadas de ella), en gran medida, proceden de una insuficiente valoración de la radicalidad de la condición sexuada del ser humano. Por eso, partiendo de una intuición propuesta por Julián Marías y expuesta también por Jacinto Choza, la autora afirma que la condición sexuada, es decir, ser varón o mujer, afecta al núcleo de la persona humana, al yo. De modo que al referirse al ser humano lo pertinente es hablar de persona femenina o de persona masculina, soslayando la utilización asexuada de la noción de persona para expresar la diferencia entre persona masculina y femenina. Explicar el alcance y las consecuencias de esta afirmación es la tarea abordada por Blanca Castilla en este libro, que continúa la reflexión iniciada en otro anterior titulado La complementariedad varón-mujer (ver servicio 107/96).

Se trata de una labor de hondo calado filosófico, que parte de un detenido estudio de la noción de persona. En él se recogen muchas de las aportaciones del pensamiento contemporáneo (de los llamados pensadores dialógicos y de Juan Pablo II, especialmente) para mostrar lo inadecuado de la noción escolástica de persona en orden a una correcta captación de lo genuinamente personal del ser humano. La autora advierte, sin embargo, la insuficiencia de los planteamientos fenomenológicos y la necesidad de un anclaje metafísico de las enriquecedoras aportaciones personalistas que se han ido sucediendo en el presente siglo.

El apoyo más firme lo encuentra en un filósofo español del que se ocupa más detenidamente en otra obra recién publicada, bajo el título La noción de persona en Xavier Zubiri (Rialp). En continuidad con todo esto, aparece la propuesta de una ampliación de la metafísica en el sentido de una antropología trascendental tal como la ha planteado Leonardo Polo. En todo caso, se trata de avanzar en la antropología de la persona para profundizar en las nociones de naturaleza-persona-relación y de este modo comprender mejor hasta qué punto la dualidad de la condición sexuada diferencia a la persona.

En coherencia con la tesis nuclear del libro, Blanca Castilla analiza algunas de las diferencias que marcan el ser masculino y el femenino. Se trata siempre de mostrar la posibilidad de compaginar igualdad y diferencia entre varón y mujer, por lo que la autora abomina del prejuicio de identificar varón con actividad y mujer con pasividad y explica cómo el ser activo de la mujer es diverso del varón. Igualdad y diferencia significan complementariedad del varón y la mujer, de modo que el ser masculino y el femenino se exigen recíprocamente para la adecuada comprensión de cada uno. Complementariedad significa también que la relación entre persona masculina y persona femenina da lugar a una más amplia unidad que la que cada persona posee por separado.

Francisco Santamaría

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