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Mi conversión. De Union Square a Roma

Rialp.

Madrid (2014).

174 págs.

16 € (papel) / 9,49 € (digital).

Traducción: Gloria Esteban.

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Dorothy Day fue una periodista y activista americana, muy comprometida en la lucha contra la pobreza y defensora de los derechos de los trabajadores, que se convirtió al catolicismo a los 25 años y llevó una intensa vida espiritual. En la actualidad está abierto su proceso de canonización.

El mejor documento para conocer su trayectoria es su propia autobiografía, La larga soledad, escrita en 1952. Ya antes había dado a conocer De Union Square a Roma, el pormenorizado relato de su transformación interior y de su acercamiento a la Iglesia, en un contexto marcadamente ideológico y antirreligioso.

Por su activismo, Day se enfrentó a los poderes públicos y estuvo varias veces en la cárcel; por su fe, tuvo que vencer la resistencia de un entorno social y familiar especialmente hostil e incluso superar la antipatía con que su marido contemplaba el nacimiento de sus convicciones religiosas. Sabía que su conversión le apartaría de su familia. Pero el nuevo camino que tomó no la obligó a quebrantar su compromiso con la justicia social, sino a profundizar en él.

Aunque reconoce que “los atisbos de Dios se producían siempre cuando estaba sola” o que, por su naturaleza, cualquier conversión es una experiencia de soledad, es consciente de que encontró a Dios en los pobres. Y fue precisamente el profundo testimonio de fe de algunas personas –la madre de una amiga a la que encuentra en su cuarto de rodillas, rezando, por ejemplo- lo que resultó a la postre determinante para su vida espiritual.

Tras pedir con insistencia el don de la fe, Dorothy fue recibida en la Iglesia en 1923. Desde entonces la vida espiritual se convirtió en el motor de su existencia y en el crisol de sus luchas sociales. Puso en marcha iniciativas solidarias importantes, fundó el Catholic Worker y dio ella misma un irreprochable testimonio.