A merced de la tempestad

Libros del Asteroide. Barcelona (2011). 342 págs. 20,95 €. Traducción: Concha Cardeñosa.

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La editorial Libros del Asteroide ha contribuido al conocimiento de Robertson Davies (1913-1995), uno de los autores más importantes de la literatura canadiense en el siglo XX, prácticamente inédito en España. Libros del Asteroide comenzó publicando primero la Trilogía de Deptorf y después la Trilogía de Cornish. Las dos fueron bien recibidas por la crítica y los lectores españoles. Davies es un escritor elegante, erudito, que suele plantear en sus novelas profundos conflictos morales, culturales, políticos y universitarios. Se trata, por tanto, de un escritor bastante alejado de los esquemas comerciales y de la literatura de best seller.

Su primera novela publicada es, precisamente, A merced de la tempestad (1951), con la que inició la Trilogía de Salterton. El argumento gira en torno a los preparativos que el Teatro Joven de la imaginaria ciudad de Salterton hace para representar La tempestad, de Shakespeare. Davies se aproxima al grupo de actores aficionados para describir su mundo interior, sus relaciones personales y sociales, sus inquietudes y, como telón de fondo, la vida en una ciudad canadiense provinciana al inicio de la década de los cincuenta. Los ensayos, los pequeños problemas entre los actores y la dirección, la diferente manera de entender el teatro y la vida sirven a Davies para entrar de lleno en el ambiente de Salterton y mostrar sus virtudes y las miserias encarnadas en diferentes personajes.

Davies se centra especialmente en las vidas de algunos de ellos, como las hijas del millonario de Salterton, el señor Webster: la pequeña Freddy, volcada en los libros y en su afición a la producción vinícola; y Griselda, dedicada en cuerpo y alma a sí misma y a buscar novio. Otros personajes sobresalientes son el patético profesor Vambrace y su ingenua e insípida hija Pearl. Davies presta también atención al militar Roger Tasset, experto en enamorar a las mujeres y que se apunta a la obra de teatro para incrementar su prestigio; al músico Humphrey Cobber, excelente personaje lleno de naturalidad; la directora Valentine Rich; el estudiante Solly Bridgetower y la joven a la que llaman El Torso, Bonnie-Susan Tompkins, por su desvergonzado desparpajo con los hombres.

Todo lo relacionado con el teatro, los preparativos, las dudas, los ensayos, el telón de fondo de las obras de Shakespeare y de La tempestad, está abordado con la ya experimentada delectación de la prosa de Davies, un escritor pausado, que sabe dominar las diferentes tramas que se disparan y las posibilidades de los personajes secundarios. Sin embargo, la novela necesitaba algo más para captar la atención de los lectores y es aquí donde aparece el maestro Hector Mackilwraith. Su drama acaba por apoderarse de la novela, suceso narrativo que implica una arriesgada decisión del autor porque, a partir de entonces, la historia cambia radicalmente.

Davies dedica a la vida de Hector una desmedida atención. Recurre a las vicisitudes de su infancia y adolescencia para explicar un carácter férreo, seguro de sí mismo, pero carente de sentimientos y del más mínimo atisbo de debilidad. Cuando Hector, hasta entonces eficaz tesorero del Teatro Joven de Salterton, decide pedir un papel para actuar en la obra de teatro, no es consciente del peligroso paso que acaba de dar para el futuro de su vida.

En esta primera novela de Davies aparecen importantes rasgos de su narrativa que se verán confirmados en las siguientes: erudición, sagacidad para penetrar en la psicología de los personajes, irónica crítica social y facilidad para describir diferentes tipos y personas. Pero aquí Davies programa en exceso el carácter y los problemas de Hector con el fin de provocar una crisis que, tal y como evolucionaba el argumento hasta ese momento, parece forzada y desmesurada. No parece sino una excusa del autor para que su novela tenga algo más que una meritoria descripción costumbrista.

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