Martin Dressler

Libros del Asteroide.
Barcelona (2011).
271 págs.
21,95 €.
Tradución: Marta Alcaraz.

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Steven Millhauser nació en Nueva York en 1943 y publicó esta novela, la mejor de las que ha escrito, en 1996. Con ella consiguió el Premio Pulitzer.

La novela está ambientada a finales del siglo XIX y principios del XX en Nueva York. Son años de cambios radicales en la vida de las ciudades, de la aparición de la publicidad, de la democratización de inventos que revolucionan la vida cotidiana. La novela cuenta el ascenso social del joven Martin Dressler, que comienza trabajando con su padre en una pequeña tabaquería y acaba convirtiéndose en uno de los empresarios más importantes de Nueva York.

A Dressler se le queda pequeño su trabajo como asalariado y aspira a algo mucho más grande. Primero crea una cadena de cafeterías y restaurantes, y más tarde se embarca en la edificación de varios hoteles, con una arquitectura cada vez más alambicada, con la que Dressler quiere hacer realidad sus ambiciosos sueños de construir espacios vanguardistas, nuevos, inéditos. Dressler es, a su modo, un precursor, pues los edificios que pone en marcha se parecen en parte a los grandes centros comerciales de hoy día, que funcionan como una copia autosuficiente del mundo exterior. Cada edificio nuevo supone un gran salto adelante.

Millhauser es aséptico en la narración de los hechos, y muy parco a la hora de describir la intimidad de su protagonista, quizás el ingrediente más débil de la novela. Su actitud de empresario visionario se traslada también al terreno personal. Martín mantiene relaciones fugaces con prostitutas, apenas tiene amigos y acaba casándose con una mujer de la que no sabe si está enamorado. Al lado de sus sueños, su vida personal desaparece. Más aún: Martin desea fundir su alma con el sueño de un edificio especial, el que ansía crear pero se le escapa de las manos.

La novela es, esencialmente, una excelente parábola del sueño americano. Pero hay más. Porque contando la fulminante trayectoria profesional de Dressler, Millhauser da forma también a una metáfora de los cambios que se están dando, a toda velocidad, en la vida de las grandes ciudades. Dressler es una víctima de estos cambios: vanguardista y pionero a la vez, sus descontrolados y visionarios sueños, como el último de ellos, el Grand Cosmo, pueden ser la antesala de un sonoro fracaso.

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