El quinto poemario del autor se publica nueve años después que el anterior, Con el tiempo. La poesía de Enrique García-Máiquez, nacido en Murcia en 1969, pero afincado desde la infancia en El Puerto de Santa María, se nutre de la realidad cotidiana: la familia, el trabajo, los amigos, las lecturas, los lugares en que se desenvuelve, la escritura… y tiene buenas dosis de ironía, de humor, pero también de ternura.
El poemario se estructura en siete partes, precedidas de un poema introductorio, a modo de declaración de intenciones. Cada parte, a su vez, consta de siete poemas: en “Ten piedad, tiempo”, trata de la fugacidad del presente –un tema constante en la poesía universal–, pero con más ironía que dolor o melancolía (“Pero en verdad no cumplo más que años”). En “Hasta pronto”, el motivo es la muerte –la de personas concretas y queridas–, de nuevo con una mezcla de humor y de ternura, y con la esperanza firme en la resurrección (“Tienes que ser eterno porque sí / porque se nace siéndolo”). En “Cuerpos gloriosos”, el asunto es la creación poética. En “Monogamia”, el amor conyugal y cuenta con algunos de los mejores poemas del libro, como “Éxtasis” o “Pleamar”. En “Su rostro en mi espalda”, trae algunos recuerdos de la infancia, unidos a la fe vivida. En “Al alimón”, los protagonistas son los hijos del poeta (“Tú, ratón Pérez, / llévate así su infancia, / muy poco a poco”). En la última parte, “En realidad”, aflora la gratitud por la vida, la belleza, lo bueno… El libro se concluye con el poema “Bendición”.
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Aunque el autor se manifiesta alejado de un tipo de poesía que podríamos calificar de intelectual y sofisticada, hay que matizarlo, puesto que García-Máiquez es un buen conocedor de la literatura clásica y contemporánea, traductor de escritores como Shakespeare, Chesterton o el brasileño Mario Quintana, buen lector y con honda formación humanística, que encuentra belleza y sentido en lo concreto (“–la purpurina– es / una noche estrellada”, nos dice en un poema sobre los juegos infantiles), y escribe con un tono cordial, lúcido, usando recursos muy variados, desde poemas muy breves con ecos populares o coloquiales, a otros más densos y con un ritmo ágil.