Los caballeros del punto fijo

Andrés Trapiello

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Pre-Textos. Valencia (1996). 438 págs. 3.300 ptas.

Muchas facetas ha cultivado Andrés Trapiello (1953) con igual profesionalidad: ensayo, poesía, artículos, novelas y edición. Como poeta consiguió el Premio de la Crítica con Acaso una verdad (ver servicio 67/94); Las armas y las letras (ver servicio 71/94) fue un desmitificador ensayo sobre los escritores y la guerra civil española. La calidad de sus novelas es, quizá, más cuestionable: ni El buque fantasma (ver servicio 67/92), ni La malandanza (ver servicio 103/96) han conseguido una solidez estética y argumental. Como editor, apostó por la calidad en la ya desaparecida editorial Trieste, en los libros de poesía que edita La Veleta y en sus asiduas colaboraciones con otras editoriales.

Los caballeros del punto fijo es el quinto volumen de sus memorias, que comenzó a publicar en 1990. Trapiello ha dado a sus diarios el título global de Salón de pasos perdidos, y cada una de estas entregas, que abarca un año de su vida -este volumen finaliza en 1991-, es un capítulo más de lo que él define como una novela en marcha, en constante proceso de creación.

En unas palabras liminares dice Trapiello que “me gustaría que llegase un día en que pudiera hablar de mí con alguna naturalidad, sin impostar la voz, sin levantar los acentos”. Así, en sus diarios, que define como “una ventana a la altura de la calle”, escribe sobre sus preocupaciones diarias y domésticas, el trato con sus hijos, recuerdos de su infancia y de su tierra (hay capítulos llenos de lirismo), sus lecturas, sus trabajos literarios, sus filias y fobias (en especial, los vanguardismos, Valle-Inclán y ciertos escritores que presumen de progresistas), el mundo de la crítica literaria, las revistas, el contacto lejano con la farándula literaria…

Todo cabe en este diario, plagado también de pasajes poéticos, aforismos, greguerías, dardos contra la cultura de moda y de breves pero condensadas reflexiones estéticas de gran calado. Como se puede apreciar, no pasa nada, pero en sus diarios está todo Trapiello, quien escribe con una sinceridad que es de agradecer, aunque apenas hable del sentido último de la vida, salvo punzadas un poco anticlericales y el tono descreído de algunos pasajes. Trapiello aplica su mirada crítica sobre el presente, desmonta tópicos del pasado y asume y reivindica la tradición literaria española que se concentra en Cervantes, Galdós, la generación del 98 (especialmente en Baroja, Azorín, Unamuno y los hermanos Machado), Ramón Gómez de la Serna y Juan Ramón Jiménez. El recurso y el aprecio a estos escritores es constante en toda su obra.

Llama la atención la coherencia entre sus diarios y sus escritos más literarios. En cada artículo o página de su diario, Andrés Trapiello deja una parte de sí mismo y de su vida, radicalmente vinculada a la fatalidad de la literatura.

Adolfo Torrecilla