Con su primera novela, Intemperie, Jesús Carrasco (1972) consiguió en 2013 el premio al Libro del Año en España. La obra fue también traducida a más de una veintena de idiomas y llevada al cine. Otra novela posterior, La tierra que pisamos, consiguió el Premio de Literatura Europea.
Llévame a casa es una historia familiar que se desarrolla en dos generaciones de padres e hijos, “con los lazos que los unen y las heridas que los distancian”. En una comarca toledana vecina a Extremadura esta familia vive las tensiones de compaginar las necesidades personales y el desarrollo de la propia biografía de los hijos, con la debida atención a sus padres cuando comienzan a aparecer las limitaciones de la vejez. Parece, pues, un argumento no demasiado ilusionante, que incluso puede amenazar con tópicos al uso de escenarios cerrados con una deprimente temática psicosocial.
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Pero no es así porque el autor, con estos ingredientes, ha escrito una historia muy humana y llena de contenido. Para conseguirlo, ha empleado una tensión narrativa muy bien trabada, un buen arte para dibujar la psicología de los personajes y una ambientación sociológica y costumbrista útil y realista. Además, su estilo es sobrio, discreto y elegante.
Carrasco acierta a conjugar con maestría las emociones, los afectos y los valores humanos. Su novela anima a entender la fuerza interior de los personajes, que puede estar agazapada entre pasiones, amores y valores humanos con los que afrontan las dificultades de la existencia personal y de la relación con los demás. Una buena novela, que tiene tensión narrativa, es esperanzadora, genera buenas sensaciones y deja poso.