La vida descodificada

Espasa-Calpe. Madrid (2008). 452 págs. 24,90 . Traducción: Jesús Fabregat.

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Craig Venter es uno de los científicos más ingeniosos, brillantes y ambiciosos de nuestra época, y ha participado en proyectos de gran envergadura financiera. Este libro está dedicado fundamentalmente a describir al detalle el esfuerzo privado que supuso secuenciar el genoma humano. Del esfuerzo público que fue paralelo solo se menciona su existencia y los principales colaboradores.

La vida descodificada es además una autobiografía. Craig Venter cuenta que se dedicó a la investigación biomédica después de su labor médica en Vietnam. Al encontrar trabas burocráticas que retrasaban las investigaciones pasó de los Institutos Nacionales de Salud de EE.UU. al ámbito privado. Ha creado varias compañías, ha levantado laboratorios y consiguió reunir el dinero necesario para embarcarse en proyectos tan ambiciosos como el de secuenciar el genoma de una bacteria y el genoma humano, cuando los medios de secuenciación eran muy deficientes. Ahora está dedicado a sintetizar vida de diseño en laboratorio.

La lectura de este libro constituye una aventura apasionante que abre horizontes de lo que puede ser el futuro de la nueva biología basada en la genómica. Venter explica los problemas técnicos que surgieron en la secuenciación y cómo fueron resueltos. En cualquier caso, leer este ensayo requiere ciertos conocimientos, aunque se utilizan cuadros y gráficos para facilitar la comprensión. En ocasiones, por desorden en la exposición, el desarrollo de la argumentación se hace complicado.

Sus adversarios y críticos no salen muy bien parados, aunque Venter intenta comprenderlos. La versión de los hechos resulta muy favorable a sus decisiones, y no menciona ni reconoce errores en su actuación. Muchas de sus opiniones destilan autosuficiencia, desde la primera parte del libro -“estoy destinado a agarrar la vida y comprenderla”- hasta el final -“Ahora que soy la primera máquina genómica que lee su propia secuencia”-.

Su concepción de la ciencia es materialista, sin mencionar apertura alguna a la trascendencia; las pocas alusiones a Dios, aunque respetuosas, son comentarios irónicos sobre lo que dijeron o piensan otros. No se aprecia un buen estilo y resultan chocantes algunas opciones del traductor.

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