La suerte de conocerte

La suerte de conocerte

CIUDAD Y AÑO DE EDICIÓNMadrid (2021)

Nº PÁGINAS342 págs.

PRECIO PAPEL18 €

PRECIO DIGITAL9,49 €

GÉNERO

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Al inicio de la fotografía, en los retratos había que posar y hacerlo a menudo con fondos artificiales o montajes –una columna donde apoyarse, un tapiz, etc.–. Sin embargo, los retratados miraban habitualmente de frente. Con la proliferación de cámaras a partir de los 60, las fotos se hicieron menos solemnes: te podían pillar en un mal gesto, mirando a otros, etc. La posibilidad de fotografiarnos a nosotros mismos con el móvil, el selfie, y las redes sociales –con su autoexposición casi constante–, han cambiado esto: hoy nos miramos y nos regodeamos en ello, con más mohínes o con menos.

Con los diarios sucede algo parecido. Son un género versátil donde cabe (casi) todo, desde la nota sucinta hasta la perorata, lo biográfico –aunque se seleccione siempre: si no, sería imposible– y consideraciones sobre tal o cual tema. El diario del escritor o periodista es, dentro del diario literario, un subgénero con obras interesantes. Sin embargo, también se presta al selfie, al postureo.

Adolfo Torrecilla trabaja en un sindicato. Ha sido profesor de Lengua y Literatura, realizado tareas relacionadas con la crítica literaria y cultural en publicaciones y es coordinador de crítica literaria en Aceprensa. Publicó ya hace unos años Dos gardenias para ti y, más recientemente Cien años de literatura a la sombra del gulag.

Hay varios registros en estos diarios, de 2018 a 2020, que se leen sonriendo porque el autor, y hay que agradecérselo, no se toma demasiado en serio.

Registro número uno: un montón de personas (de ahí ese título tan bien puesto). Amigos, colegas, vecinos, familia y el tipo que te encuentras al salir del metro. Anécdotas, descripciones de Vallecas (no para “hacerse el vallecano”, como si un cantautor o político progre fuera: Torrecilla es de Vallecas y vive ahí). Bares, y debería añadir “qué lugares”, son muy de este diario. Aficiones sorprendentes y sucesos tristes o alegres, hilarantes a veces, desde la búsqueda de un pueblo para tener un pueblo, hasta el incidente del traje de neopreno pasando por un concurso con una kärcher como herramienta.

Registro dos: en sordina (aunque a veces se extienda), choteo, risas pelín malévolas sobre textos infumables, otras sobre libros de autoayuda, en fin, todos tenemos nuestras manías pequeñas. También canciones y otros temas. Las páginas dedicadas al “Nadie me quiere” de Nat King Cole son para enmarcarlas.

Registro tres: libros que ha leído, que le interesan o que descubre o redescubre, citas o textos, todo sin abrumar ni hacer exégesis o hermenéutica. Para tomar nota.

Registro cuatro: ampliación quizás del uno y en tono más ¿literario?, las “pequeñas” vidas de la gente. Los “bienaventurados” –es mi etiqueta, no la suya– que no van de víctimas: desgracias, tragedias y también, desde luego, comedias. Aquí es donde estos diarios me gustan más y me recuerdan a ese Profesor Gaviota (Joe Gould) de Mitchell “poniendo la oreja” para poder contar la “historia oral”.

Ir de cenizo o de selecto y hablar mal de terceros en unos diarios, especialmente si eres escritor o periodista, tiene habitualmente buena prensa. Ser un petardo egocéntrico parece ser el marchamo para aspirar al olimpo donde, como carneros, se lucha por hacerse un hueco y ser el más… lo que sea. La sombra de Umbral en España es larga y pesa.

Estos diarios son justo lo contrario: una mirada de afecto, amable pero no ingenua. Así que, los que quieren pasarlo bien, les gusta la gente –no toda, no siempre, por supuesto–, los van a disfrutar muy especialmente.