La mujer justa

Az Igazi, Judith

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Salamandra. Barcelona (2005). 415 págs. 16,90 €. Traducción: Agnes Csomos.

“La mujer justa”, la nueva novela que se traduce del escritor húngaro Sándor Márai (1900-1989), tiene el inconfundible aroma del resto de sus novelas ya publicadas (“El último encuentro”, “La herencia de Eszter”, “Divorcio en Buda”, “La amante de Bolzano”). Otra vez Márai concibe la novela como un largo monólogo en los que los interlocutores se limitan a escuchar. En esta ocasión, tres personajes (Péter, Marika y Judith) cuentan la historia de amor en la que se ven involucrados.

Marika cuenta su visión de los hechos años después de su divorcio con Péter, cuando éste vive con Judith. Con patetismo y sorpresa, desentraña los entresijos de una relación aparentemente correcta, con todos los ingredientes propios de la clase social a la que pertenecen los dos, la burguesía, tema habitual en las novelas de Márai. Marika intuye, sin embargo, que algo se interpone entre los dos y casi sin querer descubre que su marido no consigue olvidar la atracción que siente por Judith, una de las criadas de su casa. Después Péter toma el testigo y describe cómo fue su relación con su ex mujer; no le reprocha nada, pues sabe que su distanciamiento y posterior divorcio obedece a una ciega pasión. Péter abandona a Marika y se casa con Judith, una desigual relación que parece contener el germen de la infelicidad. Estas dos narraciones no sólo describen con sutileza los pensamientos amorosos de los protagonistas; Márai salpica sus relatos con detalles psicológicos y costumbristas, que amplifican el mundo íntimo y social de los personajes.

La tercera parte fue escrita en Italia en 1949, cuando ya había terminado la II Guerra Mundial y Márai se vio obligado a abandonar su país tras la instauración de un régimen comunista. Algo de esto se trasluce en el monólogo de Judith, ambientado en un hotel romano, pues ella también decidió abandonar Budapest al finalizar la contienda. Al contar su relación con Péter, Judith se remonta a su pobre infancia y a las drásticas diferencias que había entre su experiencia del mundo y lo que aprendió cuando empezó a trabajar en la mansión de Péter. Aunque Péter lo descubrió quizás demasiado tarde, en esta relación hay resentimiento y revanchismo, pues Judith sabe que nunca podrá pertenecer a un mundo, el de la burguesía, que para ella sigue siendo un misterio.

La historia tiene momentos efectistas, pues Márai exagera los sentimientos y los razonamientos morales con el fin de ambientar la tragedia; algunas digresiones están fuera de lugar y rebajan la tensión; hay una visión superficial del matrimonio (como una institución más social que otra cosa) y se deslizan puntuales afirmaciones que denotan una visión tópica de la religión. También muestra una fotografía enfermiza de las relaciones humanas, pues como afirma Péter, “todas nuestras explicaciones de los acontecimientos están viciadas por un irremediable halo literario”. Sin embargo, a pesar de que la trama resulta previsible, Márai engancha a los lectores con una prosa fluida, de gran calidad, que muestra la psicología de unos personajes atormentados, insatisfechos, infelices; a la vez, su prosa se sirve de pequeños detalles de gran eficacia estética para describir las grandezas y las miserias de un mundo en vías de extinción.

Adolfo Torrecilla

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