La masa enfurecida.

La masa enfurecida

EDITORIAL

TÍTULO ORIGINALThe Madness of Crowds

CIUDAD Y AÑO DE EDICIÓNBarcelona (2020)

Nº PÁGINAS368 págs.

PRECIO PAPEL20,90 €

PRECIO DIGITAL10,99 €

GÉNERO

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Las formas que adoptan la política y la sociedad están cambiando a tal velocidad que, en ocasiones, parece imposible no ya entender las ideas, sino aclararse con la mera semántica. Las transformaciones sociales suelen conllevar la aparición de nuevos términos, pero en los últimos años la inflación verbal ha adquirido proporciones casi inmanejables, y algunos debates exigen de partida familiarizarse con un glosario completo. Cultura de la cancelación, interseccionalidad, no binario, ceguera racial, mansplaining, cis, el ofensivo TERF, el omnipresente heteropatriarcado… y, como epígrafe de todos ellos, “políticas de la identidad”.

Por ir de lo general a lo particular, estas políticas se refieren a la división social en grupos pretendidamente homogéneos que, por motivos de raza, sexo, orientación sexual, discapacidad u otros, sufren algún tipo de discriminación u opresión, y a las medidas necesarias para liberarlos de ese estado. Frente a esta diversidad, el enemigo sería único e inamovible: el varón blanco heterosexual de clase acomodada. El propósito de La masa enfurecida consiste en mostrar cómo ese planteamiento simplista, en el que el único lenguaje es el del poder, está conduciendo a grandes segmentos de la población, especialmente a los más jóvenes, a abrazar unas causas que presentan demasiadas inconsistencias.

La crítica de Douglas Murray, un periodista británico, a las políticas identitarias y al enfrentamiento perpetuo muestra sus mejores argumentos en tres ámbitos. En primer lugar, señala con acierto las falacias lógicas y las contradicciones teóricas de sus intelectuales. ¿Cómo es posible, por ejemplo, considerar que las mujeres son iguales en todo a los hombres y, al mismo tiempo, superiores a ellos en muchos aspectos? Si las cuotas raciales de acceso a la universidad, por tomar otro caso, deben favorecer a los estudiantes afroamericanos ¿han de perjudicar a los de origen asiático, con un nivel académico muy por encima de la media?

En segundo término, resulta esclarecedora su forma de subrayar la capacidad de activistas y políticos para mostrarse impermeables a las realidades más empíricas, negando evidencias tales como que los países occidentales son los más igualitarios del mundo, o que, a pesar del camino que queda por recorrer, la equiparación de derechos entre hombres y mujeres, no solo legal sino efectiva, jamás había estado tan cerca de alcanzarse. La denuncia de los excesos a los que se ha llegado en la búsqueda de infractores de la nueva corrección, y que en ciertos casos rozan el linchamiento social, es, por último, otro de los peligros que señala Murray.

Como plano para no perderse en las aguas de la nueva política, y también como herramienta intelectual para detectar sus fallos –las páginas dedicadas a la transexualidad, en este sentido, son brillantes–, esta obra resulta oportuna y equilibrada. Sin embargo, frente a sus muchos aciertos, también cabe plantearse una pregunta, motivada por la inclinación del autor a escoger ejemplos de esa furia que, casi siempre, atañen a políticos, periodistas, actores, cantantes… Visto así, ¿hasta qué punto son representativas la polémicas, discusiones e intentos de censura? ¿Está el mundo encaminándose a la locura, como afirma el subtítulo, o esa locura empieza y termina, con mucha frecuencia, en una discusión en Twitter, o en un intercambio de artículos académicos, que salta a los medios y de ahí al olvido? Sin duda, acercar tanto el microscopio a un ecosistema tan reducido entorpece la distinción entre lo anecdótico y lo sintomático, y tal vez con levantar un poco la mirada y recorrer un panorama más amplio, Murray el columnista hubiese encontrado más cordura de la que esperaba.