La impostura freudiana

Encuentro. Madrid (2009). 276 págs. 17 €.

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En este ensayo, el Prof. Fuentes pretende desentrañar las implicaciones prácticas del psicoanálisis, teniendo en cuenta el poderoso influjo que ha ejercido en la cultura contemporánea. El título es revelador del contenido: realiza una crítica a fondo de los fundamentos antropológicos de uno de los baluartes más importantes de la filosofía de la sospecha.

Desde el inicial recurso a las técnicas de la hipnosis hasta la teoría de la represión, el deseo incestuoso y esa dialéctica oscura e impenetrable del consciente y el inconsciente, todo en el sistema freudiano, pese a ser poco científico, se encuentra orquestado y dispuesto en lo que Fuentes denomina “obra maestra” de la perversión. En el psicoanálisis subyace una visión antihumanista, profundamente anticristiana, que mueve al sujeto a dimitir de todo esfuerzo y responsabilidad morales, y rendirse a la fatalidad de sus impulsos.

Uno tiene la impresión, cuando lee el análisis de Fuentes, de que las propuestas de Freud encajan en un estado de anomia y rebelión propio de la adolescencia. Tal vez ello tenga algo que ver en la tendencia actual a infantilizar a los adultos y convertir a los adolescentes en adultos prematuros. Estos fenómenos corroboran la conclusión de Fuentes: el psicoanálisis no tiene eficacia terapéutica ni puede tenerla en la medida en que no cura los síntomas ni resuelve los desequilibrios; simplemente los justifica y disuelve cualquier atisbo de culpa, con lo que termina perpetuando los problemas bajo el nombre de “subconsciente” o “autenticidad” o “emancipación”.

Después de la pars destruens, Fuentes ensaya una antropología constructiva que pretende rescatar al hombre de esa enfermiza desesperanza en sus posibilidades de mejorar. De ahí que el libro sea también una invitación al optimismo y destile por sus páginas un amor al hombre de raigambre chestertoniana. Esa antropología, que recoge y asimila las intuiciones de la teología católica y que desvela la riqueza del acercamiento entre fe y razón, descubre al hombre como un sujeto esencialmente comunitario, con innato sentido de la vida moral y capaz de superar desequilibrios, desvelos y problemas gracias al cobijo del prójimo. Solo a través de la vida familiar y comunitaria, que apuntala el esfuerzo moral, puede el hombre salvarse del abismo de nihilismo y desesperación.

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