La fiesta que no cesa

Rialp. Madrid (2010). 127 págs. 8,50 €.

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email

“Los poetas saben muchas cosas / piedras raras, extrañas flores”. Unos versos de Gerardo Diego que describen el nervio del trabajo compilatorio del autor de esta antología. Piedras para construir y flores para recrearse se reúnen en este pequeño libro que se confiesa en sintonía con el certero análisis del entonces cardenal Ratzinger y del filósofo Marcello Pera en el libro Sin Raíces.

Señala Meseguer -joven poeta, investigador en el campo de la sociología y periodista de Aceprensa- en la introducción que “Ratzinger se pregunta por qué la fe cristiana tiene tantas dificultades hoy para hacer llegar su mensaje a la gente de Europa”. El cardenal descubre una de las razones principales en lo que anotó Nietzsche: “Hasta ahora, el cristianismo ha sido siempre atacado de un modo equivocado. Mientras la moral del cristianismo no se perciba como un crimen capital contra la vida, sus defensores lo tendrán siempre fácil”.

Si el cristianismo se ve como un modelo de vida estrecho, una limitación de la libertad, una renuncia al gozo de vivir, no puede atraer. Pero en realidad, replica Ratzinger, el cristianismo es una forma alegre de vida, como él mismo se ha esforzado en mostrar. A este fin se dirige la presente antología, en la que figuran autores cristianos de todos los tiempos.

La selección permite comprobar que los antiguos siguen entusiasmando a los nuevos. Quien se acerque a este libro encontrará 100 textos, incisivos y dinámicos; breves, aunque bastante largos para poder exponer sin prisas una idea, un planteamiento, un punto de vista sugerente sobre la manera de ser de un cristiano.

Son textos afilados, no se pasa por ellos sin un corte, sin una herida benéfica. Se prestan al comentario, a la glosa, por eso gustarán y serán útiles a docentes y conferenciantes, también a estudiantes y, en general, a deportistas de la insatisfacción. Sus autores son pensadores, teólogos, literatos cristianos, también algunos que conocemos con una “S.” delante del nombre, por haber hecho fructificar la Palabra a la que sirvieron.

Comparecen aquí Manzoni, Marcel, Lope, Cabasilas, Moro, Bloy, Mauriac, Dostoievski, Juan Pablo II, Undset, Greene, Crisóstomo, Stein, Pascal, Kierkegaard, Ambrosio, Cervantes, Dawson, Eliot, Agustín, O’Connor, Belloc, Knox, Lubac, Anselmo… Sus palabras son como manos gozosamente alzadas que expresan la inmensa alegría -muchas veces entreverada de nostalgia, de nostalgia de infinito- que sienten, piensan y viven unos hombres y mujeres que llegaron al convencimiento de la autenticidad del motivo radical y fundante del júbilo que desborda el pregón pascual (ese bellísimo himno litúrgico sirve de cierre al libro): O beata nox! “¡Qué noche tan dichosa en que se une el cielo con la tierra, lo humano con lo divino! ¡Qué asombroso beneficio de tu amor por nosotros! ¡Qué incomparable ternura y caridad! ¡Para rescatar al esclavo, entregaste al Hijo! ¡Feliz la culpa que mereció tal Redentor!”

newsletter
cabecera_aceprensa

Reciba semanalmente por correo electrónico nuestros titulares