La experiencia de leer

Libros en torno a un tema

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En 1961, el inglés C.S. Lewis (1898-1963), prolífico escritor, profesor universitario y crítico, escribió un breve ensayo sobre crítica literaria, La experiencia de leer (1), en el que sugería un novedoso experimento: si la función tradicional de la crítica ha sido la de juzgar libros, Lewis propone partir de la distinción entre lectores, con el fin de ver “hasta qué punto sería razonable definir un buen libro como un libro leído de determinada manera y un mal libro como un libro leído de otra manera”. El experimento resulta clarificador, pues la manera de acercarse a la literatura de los lectores con sensibilidad literaria poco tiene que ver con la de los que recurren a ella “en última instancia”, abandonándola “tan pronto como descubren otra manera de pasar el tiempo”. Mientras que los buenos lectores “siempre están buscando tiempo y silencio para entregarse a la lectura, y concentran en ella toda su atención”, los mediocres lectores “la reservan para viajes en tren, para las enfermedades, para los raros momentos de obligada soledad, o para la actividad que consiste en leer algo para conciliar el sueño”.

Para Lewis, empleando una imagen pictórica, unos usan el arte y otros lo reciben. En los que usan el arte, éste “no añade nada a nuestra vida y solo se limita a proporcionarle brillo, asistencia, apoyo o alivio”. En el análisis del mal lector, Lewis traza en 1961 un retrato que define de manera muy acertada al lector más proclive a los best sellers que a la lectura de otro tipo de obras. Así, “salvo por obligación, nunca leen textos que no sean narrativos”; “no tienen oído. Solo leen con los ojos”; “tampoco son sensibles al estilo”; “les gustan las narraciones en las que el elemento verbal se reduce al mínimo”; “lo que piden son narraciones de ritmo rápido. Siempre debe estar sucediendo algo”.

Hacer ver lo fructíferas que pueden ser las lecturas valiosas es el objetivo de Rafael Gómez Pérez en su nuevo libro Memoria del futuro (2). En él, con el detallado análisis de 21 obras clásicas, antiguas y modernas, se quiere demostrar que “en los libros está y estará lo fundamental de la cultura humana, los inolvidables héroes, el catálogo de los sentimientos y las pasiones”. Una suculenta introducción, que sirve de aperitivo al posterior comentario de cada libro, explica la “filosofía personal” del autor en relación con la herencia humanística y la interpretación de las coordenadas culturales de cada tiempo.

Rafael Gómez Pérez destaca cómo la cultura es, en definitiva, la incesante búsqueda de la verdad y cómo desde hace muchos siglos el arte lucha por encontrar aquellas constantes vitales que mejor definen la humanidad. Los autores y libros seleccionados son una prueba, además, de la continuidad de la cultura humana desde el siglo VIII antes de Cristo hasta hoy día.

El libro es una reivindicación de los valores humanísticos de la lectura y un homenaje a los clásicos de todos los tiempos, que han acertado a la hora de sintetizar las preocupaciones más humanas. Rafael Gómez Pérez comenta, así, La Ilíada, de Homero; Antígona, de Sófocles, Fedón, de Platón; La Eneida, de Virgilio; Las Confesiones, de San Agustín y las obras más destacadas de Dante, Montaigne, San Juan de la Cruz, Cervantes, Shakespeare, Pascal, Gracián, Calderón, Rousseau, Goethe, Manzoni, Dickens, Dostoievski, Proust, Joyce y Beckett. Como escribe el autor, “en estas 21 obras es posible encontrar una gran parte de lo mejor que el hombre ha dado de sí. Son, por eso, casi sin decirlo, una educación en humanidad”.

Por último, tras su edición italiana (ver servicio 65/00), se publica en castellano Cómo leer y por qué (3), el nuevo libro de Harold Bloom, uno de los críticos literarios más importantes de la actualidad. Comienza el libro con un elogio de la lectura: “Leer bien es uno de los mayores placeres que puede proporcionar la soledad, porque, al menos según mi experiencia, es el más saludable desde un punto de vista espiritual”. Para Bloom, leemos para fortalecer nuestra personalidad y averiguar cuáles son nuestros auténticos intereses. Intenta desmarcarse Bloom de aquellos discursos que ensalzan solamente las virtudes educativas de la lectura para centrarse en su función personal, haciendo suya la cita de Samuel Johnson: “No leáis para contradecir o impugnar, ni para creer o dar por sentado, ni para hallar tema de conversación o de disertación, sino para sopesar y reflexionar”. Bloom muestra en este libro su canon personal, en el que destaca por encima de todos a Shakespeare. Junto a él hay sugerentes análisis de textos de un buen puñado de autores: Chejov, Hemingway, Thomas Mann, Cervantes, Oscar Wilde, Stendhal y un largo e importante etcétera.

Adolfo Torrecilla_________________________(1) C.S. Lewis. La experiencia de leer. Alba. Barcelona (2000). 144 págs. 2.160 ptas. T.o.: An Experiment in Criticism. Traducción: Ricardo Pochtar.(2) Rafael Gómez Pérez. Memoria del futuro. 21 clásicos para el siglo XXI. Rialp. Madrid (2000). 238 págs. 2.200 ptas.(3) Harold Bloom. Cómo leer y por qué. Anagrama. Barcelona (2000). 320 págs. 2.500 ptas. T.o.: How to Read and Why. Traducción: Marcelo Cohen.