La comedia romántica del Hollywood de los años 30 y 40

Cátedra. Madrid (2005). 311 págs. 13,50 €.

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El autor es profesor de guión cinematográfico en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra, donde en 2001 defendió su tesis titulada “La imagen de la felicidad en la comedia romántica disparatada de los años treinta en EE.UU.”. Desde esa perspectiva explica de manera amena, sistemática y convincente cómo el espíritu renovador del “New Deal” de Roosevelt, promotor de una recuperación de la confianza y el optimismo, encontró en Hollywood una impresionante caja de resonancia, especialmente a través de la comedia romántica.

El libro presta especial atención a la “screwball comedy”, un subgénero bastante específico dentro del más amplio contenedor de la comedia romántica norteamericana, que está representado por títulos como “Sucedió una noche”, “Luna nueva”, “La pícara puritana”, “La fiera de mi niña” o “Ninotchka”. Para entender la gestación de estas películas, Echart estudia las características de guionistas como Hecht, Wilder o Krasma; de directores como Hawks, McCarey, Cukor, Sturges o Capra, y de actores como Grant, Powell, Hepburn, Dunne, Stanwyck, o Colbert.

En un momento en que el país trata de superar la crisis económica y el desencanto social provocado por la Depresión, estas comedias exaltan la exhuberancia vital de unas parejas románticas genuinas y modernas que dan prioridad en sus relaciones a valores como la diversión, la libertad y la igualdad. El mejor antídoto para curar las heridas (parece decir la “screwball comedy”) es una relación romántica concebida de tal forma que la pareja se reconcilia con la vida cotidiana y la convierte en una fiesta que celebra la alegría de vivir. La posibilidad de alcanzar la felicidad “aquí y ahora”, en la vida de cada día, gracias a la benévola acción del amor romántico, hizo extraordinariamente populares películas que en un primer análisis pueden parecer muy escasas de sustancia.

Muy interesantes resultan las conclusiones sobre los temas predominantes y los tratamientos que realizan los directores más significativos. Hay que tener en cuenta que, a partir de 1934, la estricta aplicación del célebre código de autocensura Hays “forzó a los guionistas de comedias disparatadas a cultivar el ingenio para escribir historias en las que se dice sin decir”.

Las protagonistas de estas comedias son “mujeres de gran determinación, que confían en sí mismas, con frecuencia tan inteligentes como sus compañeros. Este tipo de comedia se adelantó a su tiempo y actrices como Hepburn, Dunne o Stanwyck constituyeron un espejo en el que las mujeres podían mirarse. Ellas mostraban que, para salirse con la suya, para conseguir aquello que pretenden, la clave no estaba en el atrevimiento de un vestido, sino en el empleo de la cabeza”.

Para Echart, el mejor reconocimiento de esta mujer confiada en sí misma, protagonista de la “screwball comedy”, se da en un matrimonio excéntrico, alocado e imprevisible. Las mejores películas del género muestran a una pareja que crea sus propias reglas y que rompe con todos los convencionalismos sociales; con desprecio del amor formal y cortés y canto a la unión entre iguales.

Un libro bien trabado, con un tono de análisis académico que atraerá al lector iniciado y un estilo sencillo y ameno que no espantará al buen aficionado con ganas de ahondar.

Alberto Fijo

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