La caja de los deseos

Alfaguara. Madrid (2009). 256 págs. 21,50 . Traducción: Miguel Sáenz.

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La primera parte de sus memorias, Pelando la cebolla (2006), provocó un escándalo (¿premeditado para que se hablase de su autobiografía?) al revelar Grass su militancia en las juventudes hitlerianas. El escritor, que llevaba décadas fustigando la actitud de los alemanes por culpa de su pasado, mostraba así que también él tenía motivos para el arrepentimiento. En ese volumen Grass se enfrentaba con su pasado, su nacimiento como escritor y su sonora consagración tras el éxito de El tambor de hojalata, publicado en 1959.

La caja de los deseos continúa las memorias donde se interrumpieron, aunque aquí hay un cambio fundamental. Si en Pelando la cebolla era el propio autor el que llevaba las riendas de la narración, aquí cede el recuento de su vida a ocho personajes, trasuntos ficcionales de sus propios hijos y fruto de sus cuatro matrimonios. El hilo conductor de estos recuerdos son las conversaciones de sus hijos al hilo de una serie de fotografías hechas con una cámara antigua y muy singular.

Pero lo que en Pelando la cebolla era claridad y afán por desvelar su punto de vista sobre sus recuerdos, aquí, con tanto personaje dialogando sobre no se sabe qué, la narración es bastante confusa. Grass ha querido rebajar el tono pretencioso de su anterior biografía con la introducción de elementos más familiares y emotivos. Sin embargo, se trata de un libro deslavazado, escrito como en clave familiar, que no consigue interesar.