La amigdalitis de Tarzán

Alfredo Bryce Echenique

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Alfaguara. Madrid (1999). 319 págs. 2.600 ptas.

Poco antes de volver a su Perú natal, el escritor Alfredo Bryce Echenique ha publicado La amigdalitis de Tarzán, novela con la que estrena editorial y que prolonga su ya dilatada trayectoria narrativa, iniciada en 1970 con Un mundo para Julius.

Mediante una serie de cartas escritas por una trotamundos salvadoreña, Fernanda María, y con las ágiles apostillas de su único y apasionado destinatario, el cantautor peruano Juan Manuel Carpio, exiliado en París en busca de fama y dinero, se reconstruye una transgresora y anticonvencional historia amorosa. Desde que se conocen, se desata entre ellos una turbulenta pasión, que coincide con la crisis matrimonial de Juan Manuel. A partir de ese momento, el destino de sus canciones y de sus cartas será una Fernanda María viajera. A pesar de sus matrimonios con otros, de sus hijos, de sus continuos cambios de domicilio, de sus dificultades económicas y políticas, María Fernanda siempre encuentra el apoyo de su Juan Manuel, el único que le sigue fiel desde la distancia.

Lo del título tiene su sentido. ¿Qué sería de Tarzán si pillase una gripe o un ataque de amigdalitis? Asistiríamos a la muerte de un mito. Eso es lo que siente Fernanda María de sí misma. De apariencia siempre fuerte, la pregunta de su hijo sobre si Tarzán ha tenido amigdalitis la recibe como un aldabonazo demoledor, ya que en ese momento ella se da también cuenta de las debilidades que la abruman. De pronto, Fernanda María se ve como un achacoso Tarzán, que no tiene fuerzas ni para sentir orgullo de ser el rey de la selva.

El sexo, sin llegar a las escenas explícitas, tiene su peso en la novela, ya que incide en la manera en que se plantea la estrambótica relación de los dos protagonistas. Se da así a entender que una pasión amorosa, si es fuerte y prolongada, justifica cualquier tipo de comportamiento moral. El estilo confirma la calidad literaria de Bryce Echenique, aunque el recurso epistolar, que detiene mucho la acción, puede acabar cansando al lector. Gracias a los comentarios de Juan Manuel, que dan coherencia y continuidad a la narración, se asimilan mejor las sucesivas cartas de Fernanda María, que sirven para trazar una radiografía de su inconsistente alma.

Adolfo Torrecilla