Fantasía de aventuras. Claves creativas en novela y cine

Ariel. Madrid (2009). 402 págs. 24 .

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Antonio Sánchez-Escalonilla es bien conocido por los amantes del cine por sus monografías dedicadas a Steven Spielberg (y la conexión del cineasta con Peter Pan), y por sus dos excelentes manuales para guionistas, el más general Estrategias de guión cinematográfico (que da las claves estructurales de un buen libreto), y el más particular Guión de aventura y forja del héroe.

El libro que nos ocupa incide en esta segunda dirección al desarrollar toda una teoría sobre un género híbrido literario y cinematográfico al que denomina “Fantasía de aventuras”, y al dar las claves que una película o un libro deben tener en cuenta para poder encuadrarse en él. Después de justificar su existencia con ejemplos paradigmáticos, el autor entra en materia con una perfecta delimitación de los mundos fantásticos y su coexistencia con los mundos ordinarios, donde perfila bien los rasgos de los umbrales que dan acceso de unos a otros. Verdaderamente es muy clarificador el esquema de las distintas modalidades de acceso a un mundo fantástico.

Al abordar modelos literarios de fantasía de aventuras, Sánchez-Escalonilla maneja cinco nombres grandes: J.R.R. Tolkien, C.S. Lewis, James M. Barrie, Roahl Dahl y la más reciente J.K. Rowling. Y allí está el mundo cotidiano del héroe Frodo, la Comarca, que dejado atrás da pie a las más increíbles peripecias. O el umbral a Narnia a través de cierto conocido armario.

Y de la literatura al cine. El autor aborda por supuesto a Steven Spielberg y la rica herencia recibida de Barrie, o el cine de M. Night Shyamalan, donde conviven conceptos como el de purificación o la mirada infantil.

Quizá lo más valioso del libro son los esquemas aportados en los análisis pormenerizados de algunas películas. Por ejemplo, el relativo al personaje de Bruce Willis en El sexto sentido. Son diagramas muy clarificadores, que sirven para entender que la escritura de un guión no es un ejercicio caótico e improvisado. Aunque, y él lo deja claro, tampoco responde a una mentalidad de escribir con escuadra y cartabón, según un patrón que necesariamente llevaría al encorsetamiento o al cliché. Está claro que cuando se conocen las herramientas narrativas, el espíritu creador es más libre para contar las fantasías de aventuras.