Expiación

TÍTULO ORIGINALAtonement

GÉNERO

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email

Anagrama. Barcelona (2002). 435 págs. 19,50 €. Traducción: Jaime Zulaika.

Expiación es, hasta ahora, la mejor novela de Ian McEwan, escritor conocido por su narrativa densa, elaborada, y que ofrece al lector todos los placeres de la ficción -entre sus anteriores obras, Los perros negros (ver servicio 49/93), Amor perdurable (148/98) y Amsterdam (141/99)-. Su nueva novela es una meditación sobre la naturaleza de la adolescencia y el poder de la imaginación, sobre las clases sociales y la guerra y, en especial, sobre el arte de narrar. El autor, a través de su narradora, Briony Tallis, una chica de 13 años que sueña con ser escritora, traspasa la confusa frontera entre la mentira y la ficción. Descubrirá los poderes devastadores de la primera y se servirá de las posibilidades constructivas de la segunda.

El personaje de Briony es uno de los mejores logros de McEwan, que realiza una estupenda penetración psicológica en la mente de una adolescente. Inteligente, imaginativa, soñadora, Briony no conoce el término medio: su aburrimiento es inmenso, así como su desilusión o frustración, a los que otorga una importancia desmesurada. McEwan capta la soledad de la niña y su creciente despertar del sentido de la realidad, y de su lugar en el mundo.

La novela está dividida en tres partes, y un epílogo. La primera parte transcurre en un día de verano en una casa en el campo inglés en 1935. Briony escribe una obra de teatro y prepara su representación. La casa se llena de familiares y visitas. Briony observa y analiza lo que pasa a su alrededor, buscando algo en que centrarse para luego traducirlo en relato literario. Ocurren dos cosas que van a cambiar la vida de todos los presentes: Briony presencia, pero no comprende, el final de un encuentro sexual entre su hermana mayor, Cecilia, y Robbie, el hijo de una sirvienta, del cual Briony está enamorada; esa misma noche, su prima Lola, de quince años, es violada. McEwan se vale de estas duras escenas para provocar una reacción concreta en los personajes y en los acontecimientos. Briony acusa a Robbie del crimen y el joven es encarcelado. Su determinación de acusar al joven está ligada a sus aspiraciones literarias: había decidido abandonar el melodrama (hasta entonces su estilo preferido) en favor del realismo, y lucha por construir una trama ligada al mundo real.

En la segunda parte, pasados ya cinco años, Robbie ha salido de la cárcel para alistarse en el ejército. Se narra aquí el día de la retirada de las tropas inglesas por el norte de Francia hasta Dunkerque. Esta sección es viva, uno de los mejores ejemplos de escritura de guerra en los últimos tiempos. En la tercera parte, volvemos a Briony, que, impulsada por el remordimiento de los hechos de 1935, ha renunciado a Cambridge para dedicarse a cuidar en un hospital de Londres a los que, como Robbie, han sido heridos en la guerra.

La novela acaba con un giro sorprendente, que exige al lector reevaluar todo lo que ha leído. Este detalle plasma la estrategia metaficcional de la obra, y obliga a meditar sobre el arte de la escritura y su poder expiatorio. La novela, entonces, se puede leer simultáneamente como una crítica del acto de la invención y una defensa del arte de la ficción.

Rocío G. Davis

newsletter
cabecera_aceprensa

Reciba semanalmente por correo electrónico nuestros titulares