España, aparta de mí estos premios

Páginas de Espuma. Madrid (2009). 160 págs. 15 .

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Fernando Iwasaki (Lima, 1961), de ascendencia japonesa y afincado en Sevilla desde hace más de veinte años, ha sido repetidamente calificado como “humorista inteligente”. En España, aparta de mí estos premios juega con estrambóticas situaciones envueltas en “incorrección política”, que ponen en solfa la hipertrofiada actividad pseudo literaria que trata de vestir con un ropón cultural la actuación de tantas asociaciones y organismos públicos y privados, que convocan estos premios sólo porque la cultura está de moda.

Éste es el marco en el que se tiene que desenvolver el escritor que comienza su andadura literaria y que, para abrirse camino en este mundo de las letras, necesita, como sea, conseguir dos o tres premios para que se reconozca su talento, aunque sea a nivel municipal.

En su “Decálogo del concursante consuetudinario”, que aparece al final del libro, el autor deja entrever la piedad que le inspira este escritor novel (“probablemente ultramarino”), auténtico protagonista del libro.

Iwasaki emplea un procedimiento verdaderamente ingenioso, inocuo y, a veces, desternillante, tras el que trasluce la mirada de compresión propia de un sanísimo humor. Nadie podrá sentirse herido: ni catalanes ni vascos, ni andaluces, sevillistas o béticos, sean de derechas o de izquierdas o “antisistema”. Sí puede que les inquiete una de las recomendaciones al concursante: “La identidad nacional es muy importante. Pero no la tuya, sino la del municipio, el ateneo o la caja de ahorros que convoca el premio”.

Cada relato es un imaginario concurso: convocatoria, cuento o relato y fallo del jurado. El concursante compone la “plantilla” del cuento y, de acuerdo con las bases, la va adaptando a las exigencias de cada uno de los convocantes. Siempre hay japoneses de por medio: el brigadista de la cueva, el kamikaze de los sótanos del Alcázar de Toledo, la geisha de Picasso…

Las sonrisas van apareciendo en el rostro del lector, desde las bases (en el IV Certamen de Cuentos espeleológicos, serán descalificados los cuentos que hayan sido premiados en otros certámenes espeleológicos), pasando por el cuerpo del relato (las barahúndas de “El haiku del brigadista” o la de “El kimono azul” tienen momentos en los que puede estallar la carcajada), hasta el fallo (con sus considerandos, votos particulares y la sugerente presencia de nombres bien conocidos).

Las recomendaciones del “Decálogo” no tienen desperdicio. Iwasaki nos demuestra el modo de conseguir que la coherencia de la ficción literaria no impida al escritor narrar la esperpéntica realidad.

Y también insinúa que su humor puede estar anclado en las obras de grandes maestros.

Participa, en verdad, de las inteligentes humoradas de Enrique Jardiel Poncela, de la fantasía amable de Álvaro Cunqueiro y de la socarronamente gallega visión de la realidad de Julio Camba y Wenceslao Fernández Flórez. Buenas raíces son.

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