El ocaso de los dioses de la estepa

Anaya & Mario Muchnik. Madrid (1991). 190 págs. 1.600 ptas.

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Las novelas de Kadaré suelen tener dos puntos de referencia: las tradiciones balcánicas, y la situación de los países de la antigua órbita comunista, como Albania, patria del autor. Si en El palacio de los sueños (cfr. servicio 148/91) presentaba un simbólico panorama de represión, en El ocaso de los dioses de la estepa Kadaré adopta un estilo más realista, con referencias autobiográficas, aunque con parecidos tonos de denuncia.

El narrador, un albanés, asiste a unos cursos en el Instituto Gorki de Moscú, durante la época de Nikita Jruchov. Allí se relaciona con numerosos escritores de la URSS y de sus países satélites. Su estancia en Moscú coincide con la concesión del Premio Nobel de Literatura a Boris Pasternak, con el enfriamiento de las relaciones entre Albania y la Unión Soviética y con una epidemia de viruela que asola la ciudad. A esto, se une el romance del narrador con una joven moscovita.

Con una trama mínima, Kadaré ha escrito una novela muy interesante. Por una parte, describe las relaciones entre los escritores: envidias, odios, la necesidad de estar a bien con el poder central, el recurso constante al alcohol, en un intento de huir de una atmósfera agobiante… Son especialmente orientadoras las páginas que narran el orquestado ataque a Pasternak.

Por otro lado, describe muy bien la actitud del narrador, que bascula entre la aceptación, el rechazo y el miedo. Le obsesiona una leyenda balcánica -la de Constandin y Doruntia-, que se realiza simbólicamente en la extraña relación, truncada, con la joven de que se había enamorado. Todo conduce a reflejar una crisis espiritual generalizada, en un ambiente cerrado y sin trascendencia: “Era una tarde negra, como perteneciente al último calendario del mundo”, dice casi al final de la novela.

Kadaré transmite con acierto la tensión interior del protagonista y del ambiente en que se mueve. Nunca adopta tonos melodramáticos. Casi siempre, lo hace con una frialdad estremecedora, rota tan sólo por el lirismo que despiertan en el narrador la naturaleza y las leyendas balcánicas, que le subyugan. En definitiva, una excelente novela.