El gen de Dios

La Esfera de los libros. Madrid (2006). 304 págs. 21 €.

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Algunos autores intentan dar una explicación de la proclividad a las creencias religiosas a través de la genética. Es el caso de Dean Hamer, que en 2004 publicó un libro titulado The God Gene, traducido recientemente en España. El núcleo del libro lo constituye el trabajo experimental que Hamer y colaboradores hicieron con un grupo de sujetos. Buscaban si en aquellos que mostraban mayor inclinación a la self transcendence se observaban modificaciones genéticas en alguno de los 10 genes que investigaron. Hamer entiende por self transcendence o misticismo la facilidad para salir de sí mismo, una sensación de estar en conexión con un amplio universo y con una mente abierta a sucesos no fácilmente explicables.

El resultado fue que en los individuos con mayor tendencia al misticismo aparecía, con más frecuencia que en los demás, una variante en el gen VMAT2 (variante 3305). Esa variante implicaba un aumento en el número de receptores monoaminérgicos, alguno de los cuales favorece la “self transcendence”. A ese gen es al que ha denominado el “gen de Dios”. A pesar de que la propaganda del libro hace notar que el autor es uno de los más prestigiosos genetistas mundiales, de una lectura objetiva de lo que Hamer nos cuenta se detectan graves lagunas e imprecisiones. En primer lugar, hay que tener en cuenta que cualquier función cerebral, aunque sea de escasa importancia, está controlada por bastantes genes, con lo que no cabe esperar que el “gen de Dios” vaya a ser el único que interviene en esa importante misión. En segundo lugar, los neurotransmisores a los que alude desempeñan múltiples funciones según el centro nervioso en el que se liberan y, desde luego, no se puede hablar de que produzcan experiencias místicas. Con más propiedad que “gen de Dios” se podría hablar de “drogas de Dios”, pues hay varias sustancias psicodélicas que producen la sensación de la “self transcendence” de la que habla Hamer.

Este genetista ya publicó en 1993 un trabajo sensacionalista hablando del gen de la homosexualidad. Según él, en los gays se encuentra con frecuencia una variante en el gen Xg28, localizada en el brazo largo del cromosoma X. Varios genetistas (entre otros George Ebers, de la Universidad Western de Ontario, y N. Rish) intentaron replicar los resultados de Hamer y no pudieron confirmarlos. Hamer tuvo que decir que los suyos eran preliminares y que el componente genético sólo representaba entre un 5% y un 8% en la inclinación hacia la homosexualidad.

En este último trabajo se cura en salud diciendo que, además de su gen, posiblemente habrá otros más que también influyan en la personalidad “self transcendence” y que al hablar del “gen de Dios” no niega la existencia de Dios. Más bien podría probarla, en cuanto que hay un gen que favorece la inclinación a la trascendencia.

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