Ediciones Cristiandad. Madrid (2005). 100 págs. 8,50 €.
Este libro reúne tres textos del hoy Papa Benedicto XVI, algo anteriores a su elección, pero editados posteriormente con su supervisión. Los títulos son: “La crisis de las culturas”, “El derecho a la vida y Europa” y “Qué significa creer”.
Estas tres preocupaciones no son extrañas entre sí: todas ellas caben en el fresco de la Europa actual y vienen a colmar sus principales vacíos. Tienen en común el tema de Europa, comprendida, más allá de sus coordenadas geográficas, como Occidente o como la sociedad democrática posmoderna, vista desde la óptica y la responsabilidad de un cristiano, pero sin desdeñar la otra visión, la del que no cree. Y es que el interés de este Papa por el ecumenismo no se agota en los hermanos más próximos a la fe católica, sino que también alcanza a quienes se han perdido por el camino de la increencia; no juzga sus razones, pero sí se esfuerza, con cariño y respeto, por entenderlas.
En su afán de comprender, por servicio a la Verdad, se muestra la talla de este enorme pensador cristiano. Sus razonamientos van directos a lo esencial como una flecha: si hay que hablar de cultura, hay que hacerlo de raíces (“tenemos necesidad de raíces para sobrevivir”); si hay que referirse a la vida, es preciso recordar la dignidad humana (“la mirada amorosa de Dios se posa sobre nosotros y nos revela la dignidad de nuestra propia persona”); si tratamos de fe, es preciso reconocer la verdad (“tienen acceso a la verdad, pero no están dispuestos a contemplarla, porque rechazan las exigencias que acabaría imponiéndoles”). Por eso tan pocas páginas resultan tan sustanciosas, e invitan a una relectura meditada nada más acabar el libro.
Este Papa que se encomienda a san Benito de Nursia se ha arrojado sobre los hombros, con una modestia sorprendente, la titánica tarea de guiar a la desconcertada Europa por el camino de la verdad. Posee para ello los medios que su predecesor, Juan Pablo II, consideraba como las dos alas que elevan al hombre a ese conocimiento esencial: la fe y la razón. Leído este libro, uno se siente más cerca de la reflexión de san Agustín: “Creo para comprender, y comprendo para creer mejor”.
Angel López-Sidro