El crepúsculo del materialismo

El crepúsculo del materialismo

EDITORIAL

TÍTULO ORIGINALLe crépuscule du matérialisme

CIUDAD Y AÑO DE EDICIÓNMadrid (2021)

Nº PÁGINAS176 págs.

PRECIO PAPEL15 €

PRECIO DIGITAL7,99 €

TRADUCCIÓN

GÉNERO

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El conflicto entre ciencia y fe es una de las ideas predominantes en el imaginario común, que se asocia de inmediato con el “caso Galileo”, con el evolucionismo y con la supuesta actitud desconfiada de los creyentes ante los avances de la ciencia. Este lugar común tiene sus raíces profundas en Francis Bacon; crece en el periodo de la Ilustración con Voltaire, D’Alembert o Diderot; y llega con fuerza al siglo XX de la mano de Augusto Comte, Thomas Huxley o Max Weber. El llamado ateísmo científico es sostenido actualmente, con convicción, por algunos intelectuales con grandes dotes para la divulgación, como Richard Dawkins, Peter Atkins, Daniel Dennett o Yuval Noah Harari. Pero no es la posición predominante en la comunidad científica, ni lo ha sido nunca.

El objetivo del Richard Bastien en el presente ensayo es doble: explicar cómo se ha forjado la tesis de la incompatibilidad entre ciencia y fe y mostrar de qué modo el cristianismo ha contribuido y alentado el desarrollo del pensamiento científico.

Según el autor, la supuesta rivalidad entre ciencia y religión no se apoya en razones científicas ni teológicas, sino en una concepción filosófica materialista y en un abuso epistemológico, pues es consecuencia de la aplicación de un determinado método a toda la realidad. Además, obvia que el alcance de la ciencia es limitado.

Por otra parte, los últimos descubrimientos científicos desafían los postulados de quienes hablan de contraposición. En concreto, Bastien examina cinco ámbitos en que se han puesto en cuestión sus tesis: el Big Bang, que marca un límite a la cuestión del origen; la relación entre ciencia y belleza, pues la armonía del universo es uno de los resortes del espíritu científico; el principio antrópico, que sugiere que el universo está diseñado para que lo habite el hombre; la física cuántica, que ha abierto la vía al libre albedrío; y los teoremas de incompletitud de Gödel, que “liberan” al espíritu humano de los sistemas formalizados.

Una mirada a la historia, por otro lado, muestra que las raíces lejanas de la ciencia moderna se plantaron en el terreno fértil del mundo grecorromano y del Occidente medieval cristiano. Bastien reflexiona sobre ello. La tesis de la continuidad cultural, que nació de la mano de Pierre Duhem a principios del siglo XX, ha sido objeto de un intenso debate durante décadas. En la actualidad, se ha logrado cierto acuerdo y se afirma que la ciencia del siglo XVII supuso una revolución marcada por la ruptura con la metafísica aristotélica medieval y seguida por un profundo cambio de mentalidad, pero la alteración del paradigma no habría tenido lugar sin el paciente trabajo de preparación de pensadores anteriores.

El ensayo resulta valioso para el lector no experto, pues proporciona una explicación amplia y asequible de los ámbitos de la ciencia que desafían al materialismo, y de las cuestiones históricas. El capítulo sobre el “caso Galileo” proporciona a una presentación sintética de los precedentes, de los hitos más importantes y de los elementos claves para entender lo que ocurrió, más allá de la leyenda negra. Las páginas sobre la evolución y las diferentes polémicas en torno al teísmo resultan interesantes, aunque presentan una visión algo simplificada, que se compensa con una conclusión breve, pero clara, a saber: que la interpretación materialista de la evolución no es la única posible y que existen otras compatibles con la noción de un Dios creador. A veces, sin embargo, se echa en falta mayor rigor filosófico en un discurso muy oportuno, pero en algunos puntos tal vez excesivamente apasionado.