El ardor de la sangre

Salamandra. Barcelona (2007). 158 págs. 12,50 €. Traducción: José Antonio Soriano.

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La publicación en 2004 de Suite francesa (ver Aceprensa 138/05), original inédito de la autora francesa de origen ruso Irène Némirovsky (1903-1942), supuso el redescubrimiento de una magnífica escritora que supo retratar desde dentro la vida de la burguesía francesa y de los rusos emigrados antes de la II Guerra Mundial. Perseguida por ser judía -murió asesinada en Auschwitz-, entregó todos sus papeles personales y literarios a su editor. Sesenta años después, una de sus hijas encontró entre ellos el original inacabado de Suite francesa.

Pero en aquella maleta estaban también mecanografiadas dos cuartillas que correspondían a las primeras páginas de otra novela inédita, El ardor de la sangre, que se ha podido recuperar después en los archivos franceses del Instituto de Memorias de la Edición Contemporánea. No se trata de una novela definitiva, pues se nota que no está suficientemente corregida. A pesar de ser una obra sensiblemente inferior a Suite francesa y a las otras dos novelas que Salamandra ha recuperado de Némirovsky, El baile (ver Aceprensa 61/06) y David Golder (ver Aceprensa 138/06), El ardor de la sangre es una buena muestra de su altura literaria.

Némirovsky trabajó esta novela durante 1941, quizás lo último que escribiese antes de su detención. Se encontraba retirada en Yssy-L’Évêque, lugar que convirtió en el escenario de una novela eminentemente campesina. El narrador-protagonista es Silvio, un hombre viejo y soltero. Criado en esa localidad, prefirió dilapidar su fortuna y recorrer mundo. Su regreso es para él la aceptación de su fracaso. Silvio pasa buenos ratos con sus primos, Hèléne y François, y con los hijos de un matrimonio que parece el culmen de la felicidad. Su hija mayor, Colette, va a contraer matrimonio, y lo que más desea es que su vida se parezca a la de sus padres, a los que admira.

Sin embargo, lo que parecía una novela amable y tranquila, con los recuerdos nostálgicos de Silvio y su desgana existencial, se transforma en una trama con tintes dramáticos. Algunos sucesos del pasado, que parecían sepultados, reaparecen inesperadamente para pasar factura a los personajes. El brusco e inesperado final impide saber cómo les afectará lo que allí ha sido desvelado.

Lo más interesante de la novela es el ritmo de la narración. También la actitud desencantada y cínica de Silvio, de vuelta de todo, lo que le permite juzgar de otra manera los sucesos que padecen algunos de los personajes. Además, están bien recogidos los anhelos y las costumbres de la vida campesina. Quizás resulte demasiado rocambolesca la evolución del argumento, con tintes de culebrón sentimental. Pero, con sus evidentes defectos, la novela se lee bastante bien.

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