El accionista mayoritario

Tusquets. Barcelona (2008). 365 págs. 20 €. Traducción: Joaquín Festí y Montserrat Franquesa.

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Tras estudiar Ciencias Económicas en Viena y Stuttgart, Petros Márkaris (Estambul, 1937) se trasladó a vivir a Atenas. Ha sido colaborador del cineasta Theo Angelopoulos, traductor de autores alemanes y guionista de series de televisión. Ahora, es conocido por las novelas negras que protagoniza el comisario Kostas Jaritos, entre las que destaca Suicidio perfecto (ver Aceprensa 127/04).

Quien haya leído alguna novela del comisario Wallander, del autor sueco Mankell, no va a poder por menos que hacer comparaciones con el comisario Jaritos. En la Escania de Wallander hace frío y predominan los cielos oscuros; en la Atenas de Jaritos todo es luz, calor y sofoco. Wallander se ha divorciado y tiene una hija con la que las relaciones son escasas; Jaritos quiere muchísimo a su mujer, ama de casa con la que se complementa muy bien, aunque se pasen el día discutiendo pormenores domésticos y la pasión por su hija se deja ver en lo admirablemente bien que se lleva con el futuro yerno. La Suecia de Wallander es perfecta en su apariencia y en la formalidad de su funcionamiento social; y en la Grecia de Jaritos hay bastante desorden, aunque se deja sentir el progreso de los últimos años. Wallander es un personaje entrañable, con sus defectos y carencias, y Jaritos es un hombre también bueno, irónico, simpático y vitalista. Los dos hacen crítica de los tics sociales de la vida actual y los dos luchan con nobleza y profesionalidad por construir un mundo mejor a su alrededor.

El accionista mayoritario es una novela entretenida, ágil, bien hecha, con una trama policial de interés, que resulta muy enriquecida por el retrato psicológico y familiar del protagonista, que además en este caso está imbricado en el argumento de la historia, pues plantea un doble asunto que Jaritos tiene que afrontar. Por un lado, dirige la investigación sobre el asesino en serie de personas relacionadas con la publicidad, y, simultáneamente, sufre por la suerte de su hija y su futuro yerno, víctimas del secuestro del barco de pasajeros que los conducía a Creta.

Este ambiente sirve también para que afronte cuestiones relativas a las nuevas actitudes sociales frente al terrorismo; haga referencias al pasado de la policía en las épocas de la dictadura; plantee la riqueza humana y social de una familia bien avenida y haga un retrato de la amplitud y complejidad del mundo en que tiene que desenvolverse un sistema policial moderno.

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