Dulce jueves

Navona. Madrid (2008). 304 págs. 12,50 €. Traducción: José Luis Piquero.

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El regreso de un buen amigo siempre es una buena noticia. Y Doc, tras la II Guerra Mundial, regresa a su casa, en Cannery Row, un arrabal conservero de Monterrey (California). Sin embargo, el Doc que se fue no es el mismo que vuelve. Y es que “cuando la guerra llegó a Monterrey y a Cannery Row, todos lucharon, más o menos, de una forma u otra. Cuando cesaron las hostilidades, todos tenían sus heridas”.

Doc había sido un hombre feliz. Su máxima fue que vivir “en armonía consigo mismo le hacía sentir en armonía con el mundo”. Aquel hombre, antaño adorado y solicitado por sus amigos, vive descontento hasta la desesperación. Intenta recluirse en su trabajo -un laboratorio de biología- para espantar su soledad y dar un sentido a su apagada vida. Y así se propone escribir un estudio científico. Sin embargo, en el cogollo de su malestar, late una desasosegante inquietud: “¿Qué es lo que quiero? ¿Adónde quiero ir? (…) ¿Es a ti mismo a quien tratas de identificar?”.

Mack, el mejor amigo de Doc, le pone al tanto de los cambios que ha sufrido Cannery Row a causa de la II Guerra Mundial. “Todo ha cambiado, Doc, todo (…). [Y] estábamos todos esperando que usted regresara para volver a la normalidad”. La esperanza de aquellos vecinos del arrabal es regresar a aquellos años felices; y para ello cifran su anhelo en un Doc mesiánico. Mas pronto son conscientes de la angustia en que este vive ahora. Se cambian las tornas y es la sociedad -el grupo de amigos- la que ha de salvar al hombre: es el barrio el que vela por Doc. De modo que se confabulan para devolver a Doc la alegría y la vitalidad que la Guerra se había llevado de su vida.

Steinbeck, en una época oscura de la sociedad estadounidense, afectada por las secuelas que dejó la II Guerra Mundial, y en la que ya se atisba el sueño de una gran sociedad americana, pinta un mundo perfecto basado en la idea rousseauniana de que el hombre es bueno por naturaleza. Pero va más allá dejando constancia de que la bondad individual conforma la bondad social, y una sociedad buena es capaz de salvar al hombre de su angustia vital. Estamos en los años de la Guerra Fría, y la renacida sociedad americana se quiere presentar como verdadera alternativa al socialismo comunista de la Unión Soviética.

No es esta la única idea de fondo que alimenta la novela; otra, también palpable, es que por hacer el bien, por evitar el sufrimiento, lo que sea: Steinbeck vuelve lícito y justificado cualquier medio por razón del fin perseguido. Estos dos pilares sustentan la moral de la narración.

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