Dos minutos: microrrelatos

Ediciones Internacionales Universitarias. Madrid (2008). 160 págs. 9 €.

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Saber condensar en unas líneas la introducción, el nudo y el desenlace de un relato es un arte al alcance de muy pocos. Además de la capacidad de síntesis son necesarias otras habilidades, como la agudeza y la intuición para detectar si hay o no hay historia en lo que queremos contar.

José Alberto García Avilés es periodista, y se le nota, aunque, a la hora de construir sus narraciones, se salta el manual y no espera a que el hombre muerda al perro para redactar su noticia. Él habla de cosas cercanas o de las que ya nos hemos acostumbrado, como la violencia, la soledad y el azar. Un vagón de metro, una tienda de ropa o una carretera son los escenarios habituales en que transcurren sus cuentos; a veces sucede lo imprevisto y otras veces no pasa nada.

En este surtido de setenta y tres microrrelatos, hay apuntes que parecen sacados de una crónica de sucesos; remembranzas de la niñez y el paraíso perdido; y sencillas pinceladas del natural que se mueven entre el neorrealismo italiano y la maestría de Raymond Carver.

El universo de este autor es heterogéneo, y su inspiración bebe de fuentes diversas. “La escritura es terriblemente voraz, se nutre de cualquier cosa y se va comiendo lo mejor y lo peor de nuestra vida”, afirma en el prólogo. No obstante, García Avilés obtiene sus logros más interesantes cuando introduce en los textos un elemento de razonada fantasía, como en “El cuerpo social”, que se desarrolla en un autobús en el que el cuerpo de una mujer acoge las formas y volúmenes de otros pasajeros; “Mi mejor amiga”, que remite a la célebre “Casa tomada” de Julio Cortázar, o “Ciberrelación”, una conmovedora historia de amor entre un ordenador y la amiga de su dueño.

Todas estas ficciones, en las que prevalece el humor con alguna que otra dosis de tremendismo, se leen con interés; y, al acabar el libro, el lector pide más.