Cristal embrujado

Nocturna Ediciones.

Barcelona (2011).

333 págs.

16 €.

Traducción: Gema Moraleda.

Público: 11-13 años.

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Al morir su abuelo, Andrew Hope recibe en herencia la vieja casa donde solía pasar sus vacaciones, y junto a ella el encargo de seguir protegiendo la barrera mágica que la protege. Andrew siempre ha adorado la casa, en especial sus vidrieras mágicas. Pero ahora, al verse dueño de ella, se da cuenta de que las cosas no son tan fáciles como pensaba. Para empezar, están la guardesa, tiránica y vengativa, y el jardinero, maniático y gruñón (pero que, al menos, tiene una hermosa sobrina llamada Stashe, que tendrá un importante papel). Además, no hay que olvidar a Aidan Cain, un huérfano de doce años que aparece un día para solicitarle protección de unos seres mágicos (entre otros, Titania, Oberón y Puck) que lo persiguen; ni al señor Brown, un siniestro vecino que trata de invadir la barrera mágica que protege la casa. Y, sobre todo, está la magia y la misteriosa vidriera.

Andrew ha olvidado prácticamente todo lo que le enseñó su abuelo y tendrá que ir recordándolo poco a poco para poder proteger su nueva propiedad. Aidan Cain le ayudará sin darse cuenta a recordar muchos de los secretos de la casa.

Aunque la traducción del título no sea muy apropiada (no hay nada de brujas en el libro) la historia narrada se enmarca dentro del ámbito de la literatura mágica, sin bien de un modo más suave que otros libros del mismo estilo (no hay grandes luchas entre magos, ni oscuros hechizos, ni sensaciones de peligro inminente). La novela se centra en describir cómo el protagonista va redescubriendo una parte de su vida que tenía totalmente olvidada, en la que el componente mágico se hallaba presente de un modo natural.

Al mismo tiempo se incorporan otros personajes en la historia que ayudarán a Andrew a hacerse con el control de la casa y de los difíciles ama de llaves y jardinero. Es digna de elogio la postura de Andrew cuando, a pesar de las malas lenguas, decide dar una oportunidad de demostrar su valía a aquellos que parecen que no sirven para nada. Lo mismo que hace con el huérfano Aidan cuando llama a la puerta.

Los personajes son amables, los malos son malos pero sin excesos, la trama se desarrolla de un modo muy tranquilo (a veces demasiado). Adolece en algunos aspectos de falta de explicaciones sobre los acontecimientos, que muchas veces ocurren sin previo aviso y que podrían estar más desarrollados (el tema de la vidriera mágica que da título al libro, y que resulta bastante atractivo, se queda prácticamente en nada). No obstante resulta una lectura entretenida para aquellos que gustan de los cuentos de magia.