Cómo afrontar una nueva evangelización

Reflexionar sobre la fe y encontrar nuevas vías para difundirla está entre las intenciones que Benedicto XVI ha tenido en cuenta al convocar el Año de la Fe y la Nueva Evangelización. Algunos libros dan ideas para afrontar esta tarea.

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Rino Fisichella, arzobispo y presidente del Dicasterio creado por el Papa a tal efecto, presenta en La nueva evangelización (Sal Terrae, 2012, 152 págs.), los retos a los que se enfrenta el catolicismo en el mundo actual.

Fisichella percibe también “el eclipse de lo divino”, la desorientación que este ocultamiento provoca en el hombre y el desafío que representa para la religión el laicismo. Desde este punto de vista, la nueva evangelización es un llamamiento concreto que actualiza la vocación apostólica de todo cristiano.

La nueva evangelización no implica, sin embargo, cambio de contenido de la fe ni constituye una transformación del cristianismo. Atiende, sobre todo, al modo en que se comunica la fe en el mundo de hoy. Es nuevo, explica Fisichella, “el contexto en el que vive el hombre de nuestro tiempo” y por tanto cobra sentido repensar y mejorar nuestra capacidad para hacer comprensible la verdad cristiana.

La idea de fondo es aprovechar las ocasiones para “saber y hablar sobre Dios”, algo que, como explica el arzobispo italiano, supone ir más allá de demostrar su existencia. Lo que resulta interesante al hombre de hoy es “mostrar” la belleza del cristianismo y abrir espacios para el misterio. Todo ello podría reformular la jerarquía de valores de la sociedad contemporánea.

En su ensayo, Fisichella da algunas ideas: cristianizar la cultura, la importancia de la liturgia, vivir de una forma ejemplar las exigencias de caridad que conlleva el compromiso cristiano, la importancia pastoral de la confesión sacramental, entre otras.

Repensar el Concilio

No es casual que coincida el comienzo del Año de la Fe con el cincuentenario de la apertura del Concilio Vaticano II. A este respecto, hay que destacar la publicación de El rostro del resucitado (Encuentro, 2012, 423 págs.), del dominico Marie-Joseph Le Guillou (1920-1990), traducido por primera vez al castellano, cuyo objetivo es hacer entender las orientaciones del Concilio.

Para el exegeta francés, el Concilio supuso una novedad, lo que no es obstáculo para afirmar su “continuidad perfecta” con la tradición teológica y eclesiástica. Además, entiende el Concilio como una invitación espiritual a redescubrir la dimensión cristiana, y reconducir a la Iglesia a su fuente, Cristo.

A lo largo de sus páginas, El rostro del resucitado repasa las principales constituciones y documentos conciliares, vislumbrando siempre su carácter existencial. Esto significa que la fe aparece no como una doctrina establecida fríamente, sino como un encuentro personal.

La misión de la Iglesia es servir a Dios, sirviendo al mismo tiempo al hombre, a todo hombre. Resulta necesario promover un nuevo diálogo con el mundo, que no solo no contradice la vocación escatológica y salvadora de la Iglesia, sino que la protege de su confusión con los intereses mundanos. De ello es también responsable el católico, que debe oponerse a separar su vida diaria de su compromiso religioso.

La fe explicada por Benedicto XVI

Ante el Año de la Fe, han surgido diversas novedades editoriales que recopilan textos de Benedicto XVI con explicaciones sobre el cristianismo.

Tanto en La alegría de la fe (San Pablo, 2012, 144 págs.) como en El credo, hoy (Sal Terrae, 2012, 262 págs.) se recogen diversos textos de las catequesis, homilías e intervenciones pontificias que tienen en común la exposición de las verdades más importantes de la fe católica. Es conocida de sobra la facilidad de Benedicto XVI por hacer comprender los temas más complejos, pero lo que sobresale en esta colección de textos es su capacidad para revelar la transcendencia de la profesión de fe y sus implicaciones en la vida concreta de cada cristiano.

En ambos casos, la selección de los textos sigue el orden del símbolo de la fe. En la obra editada por Sal Terrae se ofrece un capítulo introductorio sobre el sentido de ser cristiano y sobre la fe en el mundo de hoy. En la predicación de Benedicto XVI se resalta la figura de Dios Padre como Creador del mundo, se reflexiona sobre la redención y se entiende la labor del Espíritu Santo como “puente de comunicación” entre Dios Padre y Jesús. Se completa así una suerte de teología trinitaria que sobresale por su profundidad.

Es característico de las formas teológicas del Papa subrayar la continuidad entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Asimismo, se explica el credo desde la perspectiva eclesial y tomando como referencia siempre la Escritura y el Catecismo. En todo caso, uno y otro libro pueden ayudar a redescubrir el contenido de la fe católica, tal y como aconsejaba el Papa en Porta fidei, en un mundo culturalmente confuso y también para vivir con coherencia las verdades con las que se compromete el creyente en el bautismo.

Pablo Blanco se ha encargado de seleccionar textos de las homilías y de los discursos pontificios que explican la profesión de fe y cómo vivirla en las situaciones actuales. El libro, titulado Benedicto XVI habla sobre la fe y la nueva evangelización (Palabra, 2012, 200 págs.) cuenta con los comentarios de Mons. Fernando Sebastián, Juan Alonso y Carmen Alejos.

También conserva toda su actualidad el libro en forma de entrevista con Peter Seewald, Dios y el mundo (Galaxia Gutenberg, 2002).

Josemaría Carabante


Claves para la Nueva Evangelización

Antonio Aranda, profesor de Teología Dogmática, acaba de publicar un libro titulado Una Nueva Evangelización. ¿Cómo acometerla? (Palabra, 2012, 149 págs.). Aranda explica que el eclipse de Dios o de Cristo en la sociedad contemporánea es el eclipse de los mismos cristianos, quienes tienen que volver a encontrarse contentos de serlo.

“¿Qué hacer?” es el título del primer capítulo. Ante todo se recuerda que no hay evangelización efectiva donde no hay conversión personal. Después se hace ver que la novedad de la nueva evangelización está en los destinatarios: sociedades ya evangelizadas cuya impronta pública cristiana languidece; hasta tal punto que se ha acuñado para ellas el término de postcristianas.

El redescubrimiento entre los bautizados de su identidad cristiana necesita de una mayor formación doctrinal. Lo que el autor denomina “arte de la evangelización” requiere pensar y desarrollar formas renovadoras, teóricas y prácticas, de dar a conocer el Evangelio. En este empeño se destacan aspectos como la comunicación a través de la imagen, el diálogo con los no cristianos, la solidaridad y las posiciones constructivas que buscan puntos de encuentro y sinergias positivas entre distintas mentalidades.

Es significativa la relación que el autor establece entre cristianismo y cultura. La religión cristiana no se agota en un modelo cultural sino que es un motivo de inspiración para las diversas culturas. Así ocurrió históricamente con la sociedad judía o la helenística, por poner algunos ejemplos.

“¿Cómo hacerlo?” El segundo capítulo explica las raíces del oscurecimiento de los criterios objetivos de referencia de la conciencia católica. En la historia, tanto el clericalismo –o falta de respeto a la autonomía del terreno civil– como la ilustración anticristiana han sido factores negativos para la evangelización. Por otra parte, en los años 60 y 70 del siglo pasado se provocó una crisis de identidad de buena parte de miembros de la Iglesia. Según Aranda, esto último se debió a una grave imprudencia pastoral, ocurrida en múltiples lugares, al introducirse bruscamente cambios de expresión y de conceptos teológicos. Todo ello supuso una cierta desconfianza de los fieles hacia la Iglesia.

Para remediar aquellas rémoras el autor da consejos prácticos que se encaminan a la mejora de la formación espiritual, doctrinal y moral. Se anima también a una mayor participación litúrgica, especialmente de los sacramentos de la penitencia y la Eucaristía. Además son necesarios el respeto y aprecio del servicio prestado por el Magisterio.

Todo este proceso evangelizador lleva a colaborar en la formación de los cristianos, educando personalidades armónicas entre sus planteamientos intelectuales y su estilo de vida.

El capítulo tercero se enuncia como “Temas de especial referencia”. El primero consiste en la necesidad de reavivar la llamada universal a la santidad y al apostolado, realizada por el Concilio Vaticano II. Frente a este empeño se posiciona toda una interpretación existencialista y atea de la realidad, que puede ser contestada con estudios y planteamientos de autores cristianos sobre la vida cotidiana, donde destaca la exposición de la santificación del trabajo.

El segundo tema aborda el desafío del indiferentismo. Si no hay reconocimiento del pecado se da una fractura entre verdad y libertad, auténtico problema de fondo de la cultura contemporánea. Esto ha provocado la ruptura de parte del pensamiento moderno con la concepción cristiana de la verdad del hombre. Para remediar esta situación se nos invita a profundizar en el estudio de la antropología abierta a la trascendencia. Además se hace pertinente un planteamiento metafísico que apoye la misma antropología y la ética.

La tercera clave es la defensa de la armonía y continuidad entre fe y razón. Ser cristiano supone tener planteamientos y actitudes que sigan los criterios de la caridad de Cristo.

El cuarto punto de especial interés es el testimonio de la caridad. Aranda recuerda que la caridad es la clave del arco de la inteligencia y de la identidad cristiana. Conocer la verdad de la propia vida y abrirse al conocimiento de la verdad de Dios lleva a conductas que se manifiestan en aspectos cotidianos, entre los que destaca trabajar bien y ayudar a los demás.

José Ignacio Moreno

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