Canadá

Anagrama.

Barcelona (2013).

512 págs.

24,90 €.

Traducción: Jesús Zulaika.

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email

Una versión de esta reseña fue publicada en el servicio impreso 71/13

Considerado uno de los pesos pesados de la narrativa norteamericana, Richard Ford (1944) es sobradamente conocido por su trilogía protagonizada por Frank Bascombe, de la que forman parte El periodista deportivo, El Día de la Independencia y Acción de Gracias. En las tres, con gran maestría, Ford se sirve de su desencantado protagonista para hacer un ambicioso aunque parcial retrato de la vida en Estados Unidos.

Etiquetado como perteneciente a la corriente del realismo sucio, de la que Raymond Carver tal vez sea su escritor más representativo, Ford suele describir las vidas de personajes desilusionados con unos sentimientos que les llevan a afrontar sus días sin apenas expectativas.

Algo de todo esto hay en su nueva novela, Canadá. En este caso, el narrador, Dell Parsons, profesor de instituto recientemente jubilado en Canadá, decide relatar una parte de su vida, en 1960, cuando tenía 15 años, centrándose en dos importantes sucesos de aquellos meses que le sirvieron para perder la inocencia, forjar su carácter y enfrentarse a la vida.

Dell vive con su hermana melliza, Berner, y con sus padres en una insípida localidad del norte de Estados Unidos, Great Falls, en Montana. La primera parte de la novela, con diferencia la de más calidad, la dedica Ford a presentar de manera exhaustiva el mundo cerrado en el que vive Dell, en el que sus padres tienen un papel protagonista. Su madre da esporádicas clases de literatura en las distintas ciudades donde van viviendo, pues cambian a menudo de residencia en los diferentes destinos del padre en las Fuerzas Aéreas. Ahora, en 1960, hace ya tiempo que se ha licenciado y va dando tumbos en trabajos poco consistentes. Los apuros económicos le llevan a meterse en algunos turbios negocios que acaban mal. Todo va de mal en peor, y finalmente los dos hermanos tienen que afrontar el futuro completamente solos.

La primera parte resulta interesante por el trabajo estilístico que realiza el autor, que desmenuza a los miembros de la familia, su pasado, el presente y los pocos sueños que tienen ya sobre el futuro, cada vez más negro. La segunda parte transcurre en Canadá, en la provincia de Saskatchewan, en una pequeña y triste localidad, Fort Royal. Arthur Remlinger, norteamericano nacionalizado canadiense, con un turbio pasado a sus espaldas que Dell irá conociendo poco a poco y que determina la evolución de los hechos, mantiene a Dell a cambio de que trabaje en la limpieza del hotel del que es propietario y colabore también en la actividad por la que es conocida la localidad, que acoge a norteamericanos que viajan hasta allí para cazar gansos.

Su estancia en Canadá le sirve para darse de bruces con la vida, aunque Ford solo describe en ese fuerte aprendizaje las miserias de personajes violentos y problemáticos que apenas se interesan por Dell.

La novela concluye con una breve tercera parte, ambientada en el presente de Dell, cincuenta años después de aquellos sucesos. Cuenta la plácida evolución de su vida, con un matrimonio tranquilo y una vida entregada a los estudios. Vuelve a tener un encuentro con su hermana Berner, a la que ha visto en todo ese tiempo en contadísimas ocasiones.

Con diferencia, lo mejor es la habilidad de Ford para describir ambientes, personajes y para introducirse en los pensamientos más íntimos de Dell cuando era apenas un adolescente tímido e inexperto. Tanto el quedar separado de sus padres como los trágicos sucesos de los que es testigo con Arthur Remlinger condicionan su formación afectiva, social y existencial, llena de carencias que lo convierten, como tantos otros personajes de Ford, en un ser extraviado y desarraigado.

Mientras que los tristes sucesos familiares tienen mucho sentido para conocer mejor el destino del narrador y protagonista, lo que vive en Canadá no acaba de encajar en la débil trama de la novela ni en el errático proceso de formación de Dell, aunque en la tercera parte el autor haga ver que el Dell actual puede ser el resultado de aquellos intensos, erráticos y extraños acontecimientos.

Se echa en falta lo que tanto se apreciaba en la trilogía de Frank Bascombe: la radiografía política, moral y social de los Estados Unidos, vista aquí en la distancia del país vecino.