Azul, Blanco, Rojo. Kieslowski en busca de la libertad y el amor

Ediciones Internacionales Universitarias. Madrid (2004). 328 págs. 17 €.

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El autor de esta importante monografía sobre Kieslowski, el director polaco fallecido en 1996, detecta una paradoja en la trayectoria del creador de la trilogía Azul, Blanco y Rojo. “Ciertamente su gloria apenas duró un lustro, pero -como se dice en La doble vida de Verónica- hay estrellas que brillan con el doble de intensidad, y por eso su duración es menor. Eso es lo que a él le sucedió: llevaba pocos años haciendo cine de ficción, y sólo triunfó cuando Francia le acogió y respaldó en Cannes, con el premio concedido a No amarás”. Lo que ha querido reflejar el libro es “cómo su experiencia personal se plasmó en su cine y cómo éste es el resultado de una búsqueda vital, con sus dudas, luchas y desencantos”.

Julio Rodríguez Chico nació en Gijón en el año 1964. Historiador y master en Historia y Estética de la Cinematografía por la Universidad de Valladolid, ejerce también la crítica cinematográfica en diversos medios. Aquí ofrece una reflexión sugerente sobre las claves antropológicas y estilísticas de uno de los más destacados representantes de la Escuela de Cine de Lodz, en la que también se formaron otros pesos pesados como Wajda, Polanski y Zanussi.

Para Rodríguez Chico, lo propio de Kieslowski era “plantear preguntas por medio de casos concretos e imágenes llenas de fuerza dramática, pero se negaba a dar respuestas, también porque admitió no haberlas encontrado en su vida. (…) Decía que cada espectador debía encontrar sus respuestas, y que su cine debía tener un carácter abierto y cierta ambigüedad: no hay happy end, sencillamente porque la vida no se puede estancar”.

Las páginas de la cuidada edición de este libro contienen muchas pistas para pasear con calma por el cine de un hombre inquieto, muy influido por Ingmar Bergman y Albert Camus, admirador de Tarkovski y del primer Bresson y del Rohmer de los cuentos morales. Un magnífico libro que va muy lejos en el análisis material y se queda corto en el formal. De seguro, interesará a estudiosos y buenos espectadores de ese “cine de inquietud moral” y primoroso acabado formal del que Kieslowski es un representante señero.

Alberto Fijo

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