Ángeles rebeldes

Libros del Asteroide. Barcelona (2008). 353 págs. 20,95 €. Traducción: Concha Cardeñoso Sáenz de Miera.

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Samahazai y Azazel eran ángeles que revelaron los secretos del Cielo al Rey Salomón. Dios los expulsó pero ellos no se entristecieron ni juraron venganza sino que bajaron a la tierra a enseñar a los hombres lengua, medicina, derecho e higiene. Esta cita erudita tomada de las escrituras apócrifas sirve a Davies para dibujar a sus profesores universitarios, protagonistas de esta novela.

Un rico mecenas fallece y su sobrino Arthur recibe el encargo de coordinar a un equipo de tres albaceas (Hollier, Darcourt y McVarish), profesores de una universidad de Toronto. Entre los manuscritos por clasificar se encuentran unas cartas de Rabelais que interesan enormemente a uno de ellos. Maria, una académica que trabaja con Hollier, y Parlabane, un antiguo profesor que acaba de volver a la universidad, completan el grupo de personajes de esta historia.

Los doce capítulos de la novela se los dividen, seis y seis, María y Darcourt. La bella investigadora, en el centro de las miradas de todos los varones de esta historia, cuenta con detalle su relación con todos ellos, a la vez que sigue en primera persona la peripecia del manuscrito y se pregunta a quien entregará su honorable corazón gitano. Darcourt es clérigo protestante y se propone llevar una especie de diario donde va consignando un retrato al natural de la vida académica, capaz de nobleza y excelencia y también de antagonismos y bajezas indescriptibles.

Angeles rebeldes es una novela total, entre lo decimonónico y lo moderno, cargada de erudición y expresada con exquisito estilo, con una fuerte carga discursiva que no asfixia en ningún momento la ficción. Hay cierta intriga y hasta crímenes y amor, pero destaca ampliamente la desbordante exposición de ideas que nace de una curiosidad que no parece tener límites. Como los personajes son investigadores viene a cuento que se interesen y hablen casi de todo: el arte, la enseñanza, la política, las virtudes y los vicios, la literatura, la religión, la filosofía, el mecenazgo, la música.

Como líneas de profundidad que surcan toda la novela aparecen tres binomios: religión/superstición, modernidad/pasado, belleza/amor. Aún queda tiempo a Davies para hablar de los gitanos, los luthiers, la coproterapia o la paleopsicología, y todo de manera pertinente con la historia, sin banalidades y con un lector rendido que ve asombrado que su interés no desfallece, embebido en la muleta (el engaño) del escritor, por decirlo en términos taurinos. El tono de la novela tiene un punto irónico y guasón que mitiga el aire severo de los académicos.

La vida universitaria aparece matizada con realismo, templo del saber y feria de vanidades al mismo tiempo. Lo más desagradable del libro es la figura de Parlabane, una exquisita inteligencia y una personalidad fascinante que devienen en una vulgar historia de degradación sexual. Sólo una vez es Davies más descriptivo, cuando cuenta su pasado y en una escena de las páginas finales, pero la crudeza de la situación desentona con el buen gusto que exhibe el resto de la novela. La condición de clérigos de Darcourt y Parlabane da pie a Davies para algunas digresiones algo desorientadas desde un punto de vista teológico-filosófico.

Davies (1913-1995) es un escritor canadiense poco conocido en nuestro país. Hasta ahora. Esta novela es la primera de la Trilogía de Cornish (el excéntrico mecenas fallecido).

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