Yo y yo misma

TÍTULO ORIGINAL Me Myself & I

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Directora y guionista: Pip Karmel. Intérpretes: Rachel Griffiths, David Roberts, Sandy Winton, Yael Stone, Shaun Loseby, Trent Sullivan. 104 min. Adultos.

Dentro de una bañera llena de espuma, una chica con el maquillaje arruinado por las lágrimas simula pegarse un tiro en la sien con el secador de pelo. Es Pamela, una periodista superpremiada por sus reportajes sobre la mujer moderna, pero cuya vida, paradójicamente, es un desastre. Al cumplir 30 años, los remordimientos por tantos desamores la llevan al borde de la desesperación. Ella achaca todos sus males a la oportunidad que desperdició hace 13 años, cuando rechazó en el instituto a Robert, que ahora imagina como el hombre ideal.

En el punto álgido de esta crisis, un mágico golpe del destino permite a la Pamela actual intercambiarse con la imaginaria Pamela de sus sueños, felizmente casada con Robert, madre de tres hijos y con un perro. Sin ninguna experiencia matrimonial ni maternal, la joven afronta perpleja la alucinante situación, aparentemente idílica, pero en la que pronto surgen sombras de pesadilla.

Este divertido enredo supone el brillante debut en largometrajes de ficción de la australiana Pip Karmel, con una larga experiencia como montadora, documentalista y directora de cortos. Su principal aportación es la certera mirada, a contracorriente del caduco feminismo radical, con que encara los dramas de tantas mujeres que intentan compaginar un trabajo estresante con su dedicación a la familia. “Cuando era pequeña -ha señalado Karmel-, me decían que era muy importante estudiar una carrera, tener un trabajo y ser independiente. Pero en algún momento de la vida el mensaje cambia y de repente tener una familia es lo que cuenta de verdad. Me pregunté si existía toda una generación de mujeres que lo habían dado todo por tener una carrera y hacer realidad sus sueños, y que de repente pensaban: ‘Quizás debería casarme y tener hijos'”.

Desde este lúcido planteamiento, su guión y su realización desarrollan con sorprendente frescura el traumático y a la vez hilarante proceso de maduración de Pamela. En este sentido, la película se beneficia de ese eclecticismo tan característico del cine australiano, que aúna con frecuencia la fluidez narrativa de las comedias estadounidenses con la riqueza antropológica de los dramas europeos.

De todos modos, cabe reprochar su permisivismo respecto a la contracepción y un tratamiento muy explícito del sexo, concesiones que denotan una cierta falta de confianza de Karmel en el indudable atractivo de su elogio del matrimonio, magníficamente encarnado por todos los actores y especialmente por Rachel Griffiths. Si no fuera por estos defectos, cabría encuadrar Yo y yo misma junto a otros grandes títulos recientes sobre el sentido del amor, como Beautiful Girls, Próxima parada Wonderland o Jugando con el corazón.

Jerónimo José Martín