Guille tiene nueve años y una aparente felicidad unida a algunos comportamientos desconcertantes. La terapeuta escolar interpreta la situación del niño de manera convencional, pero poco a poco irá descubriendo una interioridad mucho más indescifrable.
Nacho La Casa (Sevillanas en Brooklyn, Ozzy) escribe y dirige un drama muy fiel a la novela original de Alejandro Palomas, que en 2015 se convirtió en un éxito inmediato. Resulta especialmente valioso el modo en que la película aborda esta complejidad desde la mirada infantil, mostrando el descubrimiento del mundo adulto y la forma en que el niño traduce su experiencia emocional a través del dibujo, como vía de expresión de su soledad y sufrimiento. El primerizo Ian Cortegoso destaca en este sentido con una interpretación contenida y conmovedora, que sostiene la implicación del espectador, y que logra una empatía muy natural con Macarena García (Casa en llamas, Blancanieves) y Jesús Carroza (Golpes, Apagón), fabulosos en su composición de terapeuta y tutor del protagonista.
Si bien el desenlace recurre a un giro algo precipitado que busca cerrar la narración en clave optimista, Un hijo mantiene su bien aquilatada emotividad con un retrato tierno y original de la vulnerabilidad humana y los procesos de duelo. El guión subraya la importancia de la terapia psicológica en la infancia, y la huella profunda que las heridas familiares pueden dejar más allá del ámbito doméstico. También sugiere que, incluso en las circunstancias más desesperanzadoras, puede abrirse paso una luz sostenida por la comprensión, y el acompañamiento en la aceptación de la propia verdad.