Un franco, 14 pesetas

Director y guionista: Carlos Iglesias. Intérpretes: Carlos Iglesias, Javier Gutiérrez, Nieve de Medina, Isabel Blanco, Iván Martín. 105 min. Jóvenes-Adultos. (S)

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Carlos Iglesias, actor con experiencia en teatro, televisión y cine (“El caballero Don Quijote”) se estrena como director y guionista con una ópera prima muy personal, en el sentido de que la historia que cuenta se inspira en recuerdos personales.

Estamos en la España desarrollista de los 60. Martín y Marcos se esfuerzan por sacar adelante a sus familias. Trabajan como oficiales de primera en la mejor fábrica del momento en España. Sin embargo, el sueldo no les llega para lo mínimo imprescindible. Martín vive con su mujer y su hijo en casa de sus padres (la vivienda del portero de un edificio del barrio madrileño de Argüelles). Así las cosas, ambos amigos deciden viajar a Suiza, para intentar cambiar su suerte. Esta es la historia del viaje a la Europa de las libertades. Es una historia de emigración. Y es la historia del retorno a casa.

Iglesias ha escrito un guión, fresco y bien dosificado, que le permite transmitir su visión personal de la España de los 60. Por una parte, lo hace a través de las anécdotas cotidianas que jalonan la historia: en Suiza el trabajo se consigue con facilidad, el sueldo es igual para todos (seas o no emigrante), las casas son bonitas, los colegios gratis… y hay zonas para nudistas, en la escuela se dan clases de educación sexual, las mujeres llevaban la iniciativa en las relaciones con los hombres.

En Suiza todo es naturaleza, espacios abiertos, libertad. Y la fotografía de Tote Trenas refuerza esta percepción. España es otra cosa. Las localizaciones corresponden a sitios cerrados: sótanos o pisos interiores, escenas urbanas cutres, pobretonas y privadas de encanto.

A pesar de un cierto tono reivindicativo (incidentalmente anticlerical), el director no carga las tintas y acierta en la caracterización de los personajes. El españolito medio de la época está bien reflejado: trabajador, valiente, preocupado por su familia y amigos y, sobre todo, alegre, con gran sentido del humor.

Ese sentido del humor que está poco presente en el cine español actual y que posiblemente sea el elemento más atractivo de la película. Un sentido del humor ingenuo, irónico pero nunca ácido.

Esta amena tragicomedia, hecha con ternura y nostalgia, ayuda a reflexionar sobre el trato que actualmente damos a los inmigrantes con los que convivimos.

Sofía López