Un domingo cualquiera

TÍTULO ORIGINAL Any Given Sunday

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Director: Oliver Stone. Guión: John Logan y Oliver Stone. Intérpretes: Al Pacino, Cameron Díaz, Dennis Quaid, James Woods, Jamie Foxx, Ll Cool J, Matthew Modine, Charlton Heston, Ann-Margret. 150 min. Jóvenes-adultos.

Liga profesional de fútbol americano. El equipo Miami Sharks ya no es el que era. Quedan lejanas las dos temporadas seguidas en que el entrenador Tony D’Amato logró el campeonato para su equipo. Las derrotas se acumulan, y la joven presidenta del club, heredera del cargo de su difunto padre, trata de que el equipo recupere su antiguo pulso. La oportunidad surge cuando el legendario quaterback Jack Cap Rooney sufre una lesión. Le sustituye el joven Willie Beamen que, ante la sorpresa de todos, hace un partido extraordinario. Es el comienzo de una carrera imparable, marcada por la fama y el dinero.

Oliver Stone se ha zambullido esta vez en los entresijos del deporte profesional; un mundo cada vez más mercantilizado, donde sólo cuenta la victoria a cualquier precio, para así obtener ingresos millonarios en publicidad, derechos de retransmisión, merchandising, etc. Las frases con que D’Amato arenga a su equipo -“En un domingo cualquiera vas a ganar o perder. La cuestión es: ¿puedes ganar o perder como un hombre?”- pierden cada vez más su sentido ante unos hombres que desean brillar individualmente, y no como un equipo. Seguramente ésta es la principal novedad de la película. No faltan emocionantes partidos de resultado incierto y jugadas espectaculares, servidas con imágenes impecables, perfectamente editadas, que parecen sacadas de un campo de batalla. O momentos de la vida amorosa de los personajes, pintados a veces con trazos muy gruesos. Pero lo que distingue este film de otros es que mete el dedo en una dolorosa llaga: el deporte profesional ha perdido gran parte de su romanticismo; sus protagonistas ya no sienten los colores de su equipo como antaño. Sin embargo, Stone, contra pronóstico, mantiene un cierto tono de confianza en los viejos valores que subyacen en la palabra deportividad.

El film es largo, y las secuencias deportivas puedan cansar; pero Stone mantiene el interés con su brillante puesta en escena y con los dramas de los personajes. Plantear un paralelismo entre el fútbol y los antiguos juegos de los circos romanos (con doble homenaje a Charlton Heston) es un acierto. Mostrar los excesos a los que se entregan los personajes por su profesión (abandono de la familia por parte del entrenador, riesgos inauditos para la salud, traición a la memoria del padre, a una novia o a lo que ha sido siempre una vida sobria…) ayuda a reflexionar sobre dónde deben ponerse los límites de tal entrega. El reparto está bien, aunque el tono coral no ayuda a desarrollar a fondo todos los personajes.

José María Aresté