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Guión: Ángeles González-Sinde, Manuel Gutiérrez Aragón. Intérpretes: Óscar Jaenada, José Coronado, Vanessa Incontrada, Iñaki Miramón, Adolfo Fernández. 90 min. Jóvenes.

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Gutiérrez Aragón, director cántabro de 66 años, llevaba una década en baja forma, con unas cuantas películas sugerentes en sus planteamientos y decepcionantes en su resolución: Cosas que dejé en La Habana, Visionarios, El caballero Don Quijote, La vida que te espera, Una Rosa de Francia… Con su nueva película, el director de La mitad del cielo gana altura, afrontando con valentía e inteligencia la perversidad del terrorismo etarra y la angustiosa vida que llevan los amenazados por la banda. Llama la atención el interesante y novedoso enfoque del miedo que se ha apoderado de muchas personas que parecen preferir mirar hacia otro lado o que solo se atreven a expresar en privado su solidaridad a las víctimas de ETA. El guión lo firman Ángeles González-Sinde, presidenta de la Academia de Cine, y el propio Gutiérrez Aragón.

La acción transcurre principalmente en la ciudad de San Sebastián, e hilvana las historias entrecruzadas de Josu Jon -joven terrorista que queda amnésico tras un accidente-, Xabier -profesor universitario, amenazado por ETA tras hacer declaraciones a los medios de comunicación contra la banda terrorista- y la novia de Xabier, Francesca, italiana que trabaja como psicóloga en el hospital psiquiátrico donde está internado Josu Jon. La propia ETA hace tambalear este inestable triángulo de amistades, y vuelve a instaurar en la ciudad un clima de terror.

Sorprende gratamente la ponderación de la galería de personajes y la eficaz sobriedad de la puesta en escena, subrayada por la bella partitura de Ángel Illarramendi. Hasta su visión del catolicismo resulta matizada y profunda -sobre todo respecto a la caridad, el arrepentimiento y el perdón-, y propicia una excelente secuencia sobre un personaje que pide confesión a un sacerdote.

Hay evidentes aciertos en el guión que revelan una buena labor de documentación (el retrato de la sociedad gastronómica, de la relación entre etarras presos y sus abogados), pero la película chirría por culpa de algunos diálogos e insertos oníricos demasiado artificiales. También por la muy discreta interpretación de José Coronado -muy inferior a las de Óscar Jaenada y Vanessa Incontrada, ambos espléndidos- y por la excesiva frialdad dramática de la película, a la que falta un punto de emotividad, especialmente en las secuencias de acción. De todas formas, queda una película bastante digna, que obliga al espectador a pensar la situación.