The Host

Director: Bong Joon-Ho. Guión: Bong Joon-Ho, Hah Joon-Won, Baek Chul-Hyun. Intérpretes: Song Kang-Ho, Byun Hee-Hong, Park Hae-Il, Bae Doo-Na, Ko A-Sung. 119 min. Jóvenes. (V)

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email

El tercer largometraje dirigido por el surcoreano Bong Joon-Ho es una película de terror que, tras su paso por Cannes, Sitges y la Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián, llega a nuestras pantallas avalada por las mejores críticas. Aparentemente, si atendemos al argumento, “The Host” entroncaría con lo más visto del cine de monstruos de serie B que ha poblado las pantallas orientales desde los años cincuenta. Monstruo marino que llega a la ciudad moderna llena de rascacielos sembrando el terror, y un hombre que lucha por rescatar a su hija de las garras de la bestia. Dicho así no parecería que el film aportase ninguna novedad, pero el hecho es que Bong Joon-Ho nos sorprende por las mismas razones por las que nos sorprendió con “Crónica de un asesino en serie” (2003), y que le supuso la Concha de plata al mejor director en el Festival donostiarra.

Este cineasta de 37 años reduce a su quintaesencia el género (policiaco en aquella, fantástico en esta) y todo lo demás lo reconstruye desde una perspectiva original que combina el surrealismo, la comedia y el lirismo de una forma tan “imposible” como eficaz. Por ejemplo, los héroes de la historia son auténticos antihéroes, tan impresentables como conmovedores; las escenas “épicas” -como la del ataque con fuego al monstruo- están resueltas de una forma tan poco solemne como llena de encanto; las relaciones personales son tan mezquinas como transidas de nobleza, y las situaciones más trágicas -como el velatorio por la hija de Gang-Du- son las más hilarantes.

La interpretación es sumamente difícil, ya que los actores deben caminar sobre la frontera entre varios géneros, y por tanto deben hacer acopio de registros, sin que lo ridículo resulte ridículo, ni lo grandilocuente, grandilocuente. Y ciertamente lo consiguen. Los efectos especiales están muy logrados, y a pesar de que el monstruo impone, es la familia protagonista la que se come la pantalla.

Al igual que en “Crónica de un asesino en serie”, el realizador aprovecha para ofrecer una imagen crítica o al menos irónica de la sociedad coreana, con un Seúl lleno de contrastes, submundos y contradicciones. Asimismo nos brinda una deliciosa reflexión sobre la familia y las relaciones paternofiliales, muy postmoderna en la forma y muy capriana en el fondo.

Juan Orellana

newsletter
cabecera_aceprensa

Reciba semanalmente por correo electrónico nuestros titulares