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Según una leyenda irlandesa del siglo V, el día 29 de febrero las mujeres pueden pedir la mano a sus prometidos. Anna es una decoradora metódica a la que le gusta tener orden en su vida. Como su novio no da el paso, decide declararse ella el 29 de febrero. El problema es que viajar a Dublín será una carrera de obstáculos. Y el peor de los obstáculos será un tosco hospedero con una visión de la vida muy diferente a la de Anna.

Anand Tucker había demostrado ser un correcto realizador en Hillary y Jackie y en Shopgirl. Su tercera película es una comedia romántica tan clásica y poco original como eficaz. En el ritmo, en el tono, en los diálogos, la cinta recuerda a las comedias románticas de antes, esas en las que dos personajes se enamoraban, se enfadaban y se separaban, para después terminar juntas. Esas que apoyan la comedia en la réplica ingeniosa y que juegan con el equívoco sin caer en la falta de sutileza (porque ante todo valoran la elegancia). Esas que no aspiran a permanecer en la retina de nadie, solo a entretener y hacer pasar un buen rato.

Tucker ha contado con dos talentos seguros para la comedia romántica: Amy Adams, en un papel que tiene ya dominado, y Mathew Goode (Retorno a Brideshead, Un hombre soltero), que borda un personaje diferente a los que había interpretado antes (su perfecta dicción le había encasillado hasta ahora en papeles de rico, culto y noble).

La cinta además tiene unos paisajes irlandeses bellísimos y muy bien fotografiados.

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